| Ignacio Gómez-Palacio

AMLO: Buen Político / Pésimo Administrador

El sistema presidencial en una democracia como actualmente es México y como la han establecido nuestros vecinos del norte, manifiesta un grave problema de fondo: quien ocupa el Poder Ejecutivo, es decir el poder administrador del estado y que en consecuencia es un gran político, que aceptemos ha sido legítimamente electo, debe también ser un gran administrador, pues en gran medida dispone de los dineros del pueblo; sin embargo, hoy sucede que el gran político que ocupa la silla presidencial es un pésimo administrador, como es el caso de AMLO o un administrador abusivo que lleva a cabo actos que le acarrean beneficios económicos en lo personal, como parece ser el caso de Trump.

En nuestro país sería un error dudar de la capacidad política de AMLO. Ha atraído el voto y la lealtad de la mayoría de los mexicanos que lo han entronizado con coraje. Un coraje que encuentra sus raíces en el hartazgo. Quienes después de doce años del PAN en la presidencia y un sexenio mas del PRI de regreso, se sienten heridos en lo mas profundo y han puesto sus esperanzas en un profesional de las promesas, un Mesías a quien en estos momentos de triunfo le toleran hasta lo intolerable.

AMLO le habla de tú y a todos madrugada tras madrugada, mitin tras mitin, “a ver que levanten la mano los que quieren…”. Le habla al pueblo como nadie lo ha hecho en la época reciente. Repite vez tras vez; ”el pueblo es sabio.… sabe lo que quiere”. Ha logrado que el ciudadano de a pie se sienta aludido, se sienta tomado en cuenta, se sienta pueblo, ese pueblo al que le habla.

Sólo durante un breve lapso, antes de cumplir 19 años, AMLO tuvo una tienda de ropa y zapatos en Villahermosa, lo que ha sido su mayor exposición a ganarse la vida fuera de la política. No sabe lo que es mantener familia de los ingresos de una micro, mediana o gran empresa. Desde sus primeros veintes ingresó a la política. El problema radica en que no sabe de números. Entiende y mucho de gentes, pero no de finanzas o de la relación costo/beneficio o de saber invertir y gastar como una ciencia de donde, como, cuando y como se coloca el dinero y los activos. El presupuesto de egresos del gobierno federal lo rebasa. Actúa como si este le fuese entregado al presidente municipal de Villa Hermosa. En su fuero interno considera que son tantos millones y millones de pesos, que resultan ser infinitos. Andrés Manuel no tiene el riesgo de Trump de ser acusado de encausar el presupuesto para beneficiar a sus negocios, como todo indica que los demócratas estadunidenses pronto intentaran probar. AMLO no tiene interés en atesorar fortuna. El problema es que cambia de opinión con frecuencia y gasta nuestros impuestos por impulso, reacción digestiva, simpatía, con intenciones populares y sin obedecer a un plan ordenado, como cualquier empresario o funcionario público consciente de los límites de lo que dispone y las necesidades a satisfacer, y en muchas ocasiones sin escuchar o pasar la batuta a personas conocedoras y capaces. Esto nos coloca en el camino del malogro y el naufragio, lo que es ciertamente preocupante.

Tenemos de presidente a un Mesías de aldea y un pésimo administrador, en una etapa en que la economía del país demanda el buen juicio de su líder y no la “sabiduría del pueblo”, interpretada de manera subjetiva y variante conforme a las reacciones mañaneras que le aconseja su intestino o el desvelo de la noche anterior.

¿Adónde nos llevará este hombre  maduro y de apariencia bondadosa que adormece a las multitudes? ¿Qué sucederá cuando nos alcance la deuda pública, la deuda en monedas duras, lo finito del presupuesto, el hartazgo de las audiencias mañaneras y de su hablar despacito; el aumento de la gasolina y de los impuestos, la guardia nacional dirigida por las fuerzas armadas, la costosa cancelación de la obra pública, los funcionarios ineptos extraídos de la “sabiduría del pueblo”, el desprecio al conocimiento y a la sociedad civil organizada y sus expertos, el dejar de apoyar a las estancias infantiles, etc., que a menos de cien días de su toma de posesión se acumulan en un cerro mas grande que los volcanes de este Valle del Anáhuac, muchas acicateadas por un picapleitos falto de prudencia y análisis?

¿Dónde está la comisión de empresarios que iban a aconsejar a nuestro nuevo presidente? ¿Dónde el buen uso del tiempo del cargo de quien sigue politiqueando de municipio en municipio, como si todavía estuviera en campaña (de nuevo parecido a Trump)?

Todo indica que ese referéndum que prometió hacer a la mitad de su mandato para determinar si continúa o se retira del cargo, se aplicará igual al del aeropuerto y el tren maya, es decir, para ser contestado únicamente en las zonas donde tiene popularidad, como bien lo podía haber hecho mi tía abuela en la colonia donde muchos la querían.

¿Por qué es importante que el presidente sea buen administrador? Porque el bienestar económico del pueblo es un elemento toral en el buen gobierno. Una economía débil no beneficia al pueblo. Ejemplos terribles hay muchos: los venezolanos, cubanos, rumanos, argentinos, coreanos, etc. No saber invertir y gastar el dinero público y por lo contrario, dilapidarlos lleva a la nación a la ruina.

Debemos empezar a pensar seriamente en el grave error de nuestro sistema presidencial, que permite que cualquier persona ignorante y popular llegue a la presidencia y eche a perder en unos cuantos años lo que tanto nos ha costado lograr  a los ciudadanos, a pesar de un gran número de gobernantes corruptos. Nuestros presidentes tienen enormes poderes que debemos acotar. Otro mal administrador en el pasado fue el presidente Echeverría quien tampoco entendía de números, pero en su caso se rodeó de profesionistas en puestos clave y no se distinguió por proponer ineptos con el riesgo que conllevan, como ha empezado a suceder en este año.

El sistema parlamentario del Reino Unido permite que el Parlamento despida al primer ministro con motivo de una moción de confianza en su contra, lo que aquí podría aplicarse si la oposición llegase a ganar mayoritariamente las elecciones de medio término en el 2021. Un voto negativo como el aludido no implica que se juzgue al presidente por la comisión de un delito grave, simplemente se refiere a que se le ha perdido la confianza. Lo dejo para quienes gustan pensar. Algo que parece estar a la baja.

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