| Ignacio Gómez-Palacio

AMLO Y SALINAS PALADINES DEL NEOLIBERALISMO

Nuestro nuevo Presidente, una mañanera sí y otra también, divide a nuestro país y al mundo entero entre los buenos y los malos. Él pertenece a los buenos, los liberales, sobre todo “los admirados liberales del siglo XIX”. Los malos “los que han gobernado al país durante los últimos treinta años” son los neoliberales. ¿Quiénes son unos y quienes los otros? ¿Qué tesis sustenta cada grupo? A continuación expondré de manera sucinta porque AMLO es uno de los grandes neoliberales que tanto le molestan.

El liberalismo como filosofía política apoya la propiedad privada, la libertad del individuo para actuar frente al Estado y la sociedad, garantizando el pleno ejercicio de su iniciativa como particular, en tanto no cometa un ilícito. Esta filosofía descansa su denominación en el concepto “libertad”. Las libertades como la de expresión, libre tránsito, de asociación, de cátedra, etc, son posturas ínsitas al liberalismo. Apoya tanto las libertades civiles como las económicas. Es una tesis contraria al absolutismo que provenía del siglo XVIII y anteriores y que apoyaban los conservadores, dentro de los cuales estaba el grupo monárquico, que en nuestra historia dejo huella con el establecimiento de dos imperios (el de Iturbide y el de Maximiliano). 

Durante la mayor parte del siglo XX, se deja atrás el antagonismo entre liberales y conservadores, para dar paso al enfrentamiento entre las posturas capitalista y el socialismo/comunismo. Seguido de la caída de la “cortina de hierro” en 1989, surge el liberalismo de nueva cuenta, como una reacción al absolutismo comunista de intervención del Estado en la economía y en la vida de las personas.  Por tratarse de un “liberalismo nuevo”, surge el concepto de “neoliberalismo”, ya que se basa en las mismas tesis de apoyo a la libertad del liberalismo del siglo XIX, fortalecidas por actos espectaculares como los tratados del libre comercio. 

Antes de la celebración de los tratados de libre comercio, la “libertad de comercio” estaba restringida a la vida interna de los países. El liberalismo era doméstico. Fue la manera en la que los entonces llamados “países tercermundistas” (término que fue substituido por el de “economías emergentes”) y otros de economías medianas, protegían a sus inversionistas domésticos. Estos países regulaban con celo la participación de la inversión extranjera. Es sintomático recordar que en 1973, bajo la presidencia del Lic. Echeverría, se emitió la ley que desde su título mandaba un claro mensaje: Ley para Promover la Inversión Mexicana y Regular la Inversión Extranjera.

El cambio establecido en el TLCAN entre México, USA y Canadá, en vigor a partir de 1994, que aún sigue vigente, en el sentido de dar a los inversionistas provenientes de cualquiera de los países Miembros del Tratado “trato nacional”, es decir trato igual a los nacionales, (por lo que sería contrario al tratado discriminar al extranjero sujetándolo a reglas no aplicables a los inversionistas domésticos), fue un parte aguas que nos sorprendió a los especialistas en la materia y sorprendió al mundo entero. Fue un shock encontrar que a partir de dicho tratado, el primero de envergadura mundial, la libertad de comercio resultó ser un derecho aplicable lo mismo para el inversionista doméstico que al extranjero, ya se trate de un pequeño inversor o una gran transnacional. Aquí nació el neoliberalismo. El nuevo liberalismo. Podría llamarse “macro liberalismo”, el que no conoce fronteras a la libertad de comerciar; lo que llevó a nuestro país, a un verdadero golpe de timón, ya que del proteccionismo a la inversión doméstica se cambió al proteccionismo de todo inversionista, en tanto fuere perteneciente a cualquiera de los Estados Miembros del tratado. Para mediados de 2016 México había ratificado 12 tratados de libre comercio con 46 países, además de 32 acuerdos de protección recíproca a la inversión con 33 países (consultar el sistema de información de tratados: SICAIT).

Las tesis económicas que dieron el impulso necesario para el cambio, surgieron principalmente de la Universidad de Chicago donde Milton Friedman y Arnold Haberger (basados en las ideas de Adam Smith), plantearon la importancia de dejar que la economía se desarrolle tomando como soporte la libre fuerza del mercado, evitando en lo posible toda intervención estatal. Los tratados de libre comercio tuvieron la consecuencia de ampliar el territorio de aplicación a varios países. A los alumnos de estos economistas se les identificó en México como los Chicago Boys, quienes tuvieron influencia toral en el régimen salinista (término que se utilizó de manera principal para identificar a los economistas que actuaron en Chile durante el régimen de Pinochet).

¿Convendría a México dar marcha atrás y terminar su postura de puertas abiertas a la inversión extranjera y a la libertad de comercio, para aislarse y cerrarse para depender meramente de su economía doméstica? Lo puede hacer. Pero sería un grave error. Esto lo conoce de sobra AMLO, por lo que apoya la celebración del nuevo tratado de comercio con EUA y Canadá, al grado de pagar altos costos para evitar aranceles caros de EUA a las exportaciones mexicanas. 

Si el Presidente Salinas fue el responsable principal de la adopción del TLC y AMLO hoy día apoya abiertamente la celebración del nuevo tratado de libertad de comercio, ambos, Salinas y AMLO son paladines del neoliberalismo. Neoliberales con diferencias, pero en lo fundamental, apoyadores de la libertad de comercio y por ende ambos neoliberales de cepa. Se podría agregar que en la medida que López Obrador disminuya el gasto público y los apoyos a la ciencia, cultura, salud, guarderías, mujeres, etc., subrayará aún más su carácter neoliberal. 

Cabe agregar que no existe una definición generalmente aceptada sobre que significa el “neoliberalismo”, pero pueden verse innumerables ejemplos en los que a manera de moda de nuestros tiempos, se utiliza como una filosofía política propia de la derecha y la ultraderecha.

Informó que a partir de mañana inicio una nueva novela y a lo mejor me rajo de escribir editoriales semanales y pasaré a hacerlo cada dos semanas. A ver cómo me va. Por el momento sigo igual.

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