| Ignacio Gómez-Palacio

AMLO Y TRUMP ¡NOS ESTÁN ENVENENANDO!

 

 

 

 

 

 

Un querido amigo, profesor de derecho de una universidad estadounidense, con quien conversé varios temas de política actual en su país, me sorprendió al soltar el llanto con motivo de la división que Trump está logrando entre sus conciudadanos. Las distintas posturas políticas que antes platicaban entre amigos en su facultad y club, mientras compartían un whiskey o un café, se han vuelto imposibles, debido a la animadversión que hoy existe entre demócratas y republicanos. Entre lágrimas me confesó odiar a los seguidores de los republicanos y que lo mismo le sucede a sus opositores, lo que lo entristece al punto de ya no poder soportarlo. Ha perdido el orgullo que antes sentía por su país, al que ve cerca de caer en una división histórica de la que difícilmente se recuperará.

En lo personal me ha sucedido que varias de las personas que estaban en mi lista de distribución de esta Hormiga, me han pedido que los elimine, con motivo de algunas aseveraciones que he hecho respecto a nuestro Presidente. En algunos grupos donde asisto con frecuencia, el tema político se ha vuelto extremadamente difícil de platicar. Se evade desde hace meses.

 

La Hormiga

López Obrador y Trump no son iguales, pero se parecen. La lista es interminable (manipuladores, verborreicos, obsesivos, denigrantes, hostiles, clasistas, mentirosos, etcétera). Ambos son producto del lo que Octavio Paz y Mario Vargas Llosa han denominado “la cultura y la civilización del espectáculo”, de la época actual. Son políticos light, que no se destacan por sus valores, principios e ideología. Por el contrario se destacan por lograr y mantener su popularidad en base a su estilo personal, con frecuencia amañado y torcido, a la forma y gestos con los que se comunican con las masas, cuidando sus facciones, dentadura, atuendo, expresiones faciales, etc. Es política de circo, que se adecua a la civilización actual en la que triunfa la literatura light, el cine light, el arte light, el periodismo light y hasta el sexo light. En la civilización del espectáculo, el cómico es rey, de ahí que cada vez sea mas frecuente observar como actores llegan a ser mandatarios de diversos países, incluyendo en cierta medida a Trump, como una figura de la televisión estadounidense. Hoy vivimos la primacía de las imágenes sobre las ideas.

Si bien lo anterior resulta triste y patético de nuestros tiempos, debido a la influencia que estos personajes ejercen sobre sus seguidores y la comunicación instantánea actual (redes sociales, internet y medios), los dos deberían de estar conscientes de la responsabilidad que conlleva su popularidad, y así poder evitar grandes males para sus gobernados.

Resulta alarmante las dosis de veneno que día con día alimentan a sus pueblos. ¿Cuáles serán las consecuencias de dividir a los mexicanos? ¿Cuáles las de dividir a los estadounidenses? Sin duda gravísimas e impredecibles. Actualmente, diferir de la opinión o de las conductas que adoptan estos Presidentes, provoca no sólo coraje de la parte opositora, provoca resentimientos que sumados conducen al odio, lo que a su vez es camino cierto para envenenar mentes con consecuencias imposibles de anticipar.

Si has estado al tanto de las posturas, acciones y comentarios de AMLO, contéstate con sinceridad: ¿siento ya ese veneno? El veneno del odio contra los fifís o contra AMLO y sus seguidores. Un veneno que me provoca sentir pastosa la saliva y me induce a contestar airadamente a la primera provocación. De enojarme y gritarle a mis adversarios políticos ¡que no entienden!

Es un veneno que penetra inicialmente lento, gota a gota, sin que nos demos cuenta, pero del que es muy difícil desprenderse, ya que es similar a las drogas que atrapan sin que uno se percate de ello: [“¿ya viste este meme del peje?, (así, con minúscula), ¿ya firmaste la petición para destituirlo por deficiencia mental?, ¿cómo ves el desabasto de medicinas” // “pinches fifís, ya les llegó la hora, ya les quitamos la construcción del aeropuerto de Texcoco, Los Pinos, el avión presidencial, las guarderías para hacer dinero... carajo, ¡es un honor estar con Obrador.”]

Los chairos no sólo están en contra de las posturas de los fifís (palabra peyorativa traída al lenguaje popular por nuestro Presidente), los empiezan a odiar con un odio creciente producto del resentimiento que AMLO esparce con malévola generosidad, a sabiendas que lo dirige a la cizaña que puede ahogar la buena simiente. Las culpas las dirige contra los conservadores, los neoliberales, en quienes ha encontrado un enemigo único, fácil de identificar.

El comentario falaz, distractor, hiriente, inicia el paladeo y hasta disfrute del veneno. Un veneno que amarga la boca, marea y aturde, al grado de no poder soportar la presencia del opositor y no querer oír sus argumentos. Ya no sólo es enojo, es odio que habrá de llevarnos a conductas peligrosísimas e inciertas. Estimular el odio es jugar con fuego.

La historia de la humanidad está plagada de estos odios. Es lo que llevó al culto y educado pueblo alemán, guiado por un hombre ciego de inquina y repulsión, a atacar e intentar eliminar al pueblo judío. Otros ejemplos recientes son la masacre de Srebrenica de musulmanes bosnios, los genocidios entre turcos y armenios, entre hutus y tutsis en Ruanda, el de los Jemeres Rojos en Camboya en un intento de purificación de su propia etnia y muchos mas. Son consecuencia de alimentar resentimientos y odios que una vez sembrados, son imposibles de erradicar.

Lo que sucede entre fifís y chairos entre nosotros, sucede actualmente, con distintas razones y argumentos, entre republicanos y demócratas en los EUA, donde Trump ha alimentado la división entre sus ciudadanos, que en una época eran llamados demócratas republicanos, dado la cercanía de sus posturas. Baste mencionar algunos temas: (1) expulsión de mexicanos en su mayoría “delincuentes violadores”; (2) reducción de impuestos; (3) eliminación de la ciudadanía por nacimiento; (4) juicio político (impeachment) contra Trump; (5) construcción del muro en la frontera con nosotros; (6) abrogación del Obamacare; (7) reforma migratoria; (8) repulsión del Tratado de Paris sobre cambio climático y otros.

El veneno que sentimos, tanto mexicanos como estadounidenses, nos y les, ha penetrado sin siquiera sentirlo, pero hoy provoca animadversión malsana que antes no existía. Ambos mandatarios están envenenando a sus pueblos. Jugando con fuego. El veneno del odio es cosa seria, lo que parecen desconocer o simplemente no importarles, con tal de obtener los beneficios que buscan.

¿Cuál será el resultado de estas inyecciones de odio, de dos países vecinos divididos en lo interno? Es indiscutible que ambos mandatarios tienen un gran número de seguidores, al menos la mitad de los ciudadanos y quizás la mayoría. Esto implica una gran responsabilidad. Las palabras del líder tienen enorme peso, por lo que las agresiones, los insultos, el apelar al fanatismo es algo que no deberían de hacer y sin embargo es algo que repiten con frecuencia.

¿Qué consecuencia tendrá el veneno que ya sentimos en nuestras venas y que nos impulsa al enfrentamiento sin dar cuartel? ¿La actitud divisionista y polarizante de López Obrador y Trump nos llevará a un punto en el que no exista regreso y ni México ni los EUA volverán a parecerse a lo que hoy somos? ¿Desaparecerá la famosa amabilidad de los mexicanos? ¿Cambiaremos para siempre? ¿Qué podemos hacer para evitar estas desgracias?

Te vuelvo a preguntar, ¿ya sientes este veneno correr por tus venas?

El veneno de la serpiente entume y paraliza los músculos, el veneno al que me refiero hace a quien lo recibe transmisor del mismo veneno, como es el caso de venenos de intolerancia (v.g.: racismo y misoginia). Cuando la conducta está justificada por el mandatario (Trump y AMLO), consecuencia de un resentimiento primitivo, similar al del perro que gruñe y ataca a la vista del amo, se está en presencia de una orden sin filtro, a nivel reptiliano y no de la mente mas evolucionada; de ahí que es, como hemos dicho, peligrosísima e impredecible. El portador de ese veneno ya no se hace responsable de sus actos: ese es un mexicano violador, un negro, un fifí, un conservador, un neoliberal, un chairo, un rico, un blanco….”

Te vuelvo a preguntar, ¿ya sientes este veneno correr por tus venas?

 

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