| Ignacio Gómez-Palacio

COCACOLARIZACIÓN

 

 

 

 

Habían pasado dos siglos desde que Charito solicitó permiso para visitar a los farmacéuticos John Stith Pemberton y Asa G. Candler, así como a su hermano John S. Candler y al contable Frank Robinson. Llevaban años en el mismo lugar, de manera que no se perdería un instante para ver a uno y otro. Pidió media hora con ellos. No necesito más, dijo. Haces bien, pues el calor es insoportable, le contestó el burócrata C.

Charito se caracterizaba por su tranquilidad que rayaba en distracción permanente, frente a todo lo que se le cruzaba. Podía estar en medio de una tormenta, que si lo que la ocupaba era la hechura de un pastel, no se daba cuenta ni de que llovía. Un neurocientífico le informó que las personas distraídas tienen una alta concentración de neuronas en la parte del cerebro dedicada a prestar atención, lo que las hace de una inteligencia prodigiosa. Ella parecía no atender otra cosa que pensar en el momento en el que pudiera platicar con ese póker de sinvergüenzas, a quienes no les faltaban admiradores. Su eterna paciencia la descansaba en vapores C. sin importarle estar sola o acompañada.

Finalmente llegó la autorización con un retraso de dos siglos, lo que era poca cosa cuando se está en la eternidad. Se trataba de un salvoconducto para visitar a los inventores de la Coca Cola, que hervían en el averno, sumergidos en el líquido del famoso refresco de cola. Les llegaba hasta la barba, en una olla enorme colocada por los ayudantes de Satanás, que gozaban al mantener la solución a cien grados centígrados, con la instrucción de conservar el suplicio dos o tres eternidades y para mayor pena, enterrarles cada vez que se les ocurría, sus trinches en el cuerpo desnudo.

Desde niña, Charito se había hecho partidaria de la Coca Cola, al grado de tomarse una botella tamaño familiar sin separar los labios del cuello del envase, deglutiendo como cañería de recién estreno. Claro, esto la convirtió en adicta a esta agua negra, lo que la llevó a una muerte temprana pasaditos los cincuenta abriles, mes en el que había nacido.

¿Por qué decidieron causar tan tremendo daño a la obra de El Señor?, le dijo a los cuatro. ¿Por qué decidieron dañar a la humanidad?, encajándoles la pupila al

conjunto de caras encendidas, sudorosas, con muecas de angustia perpetua, con una fiereza desconocida en ella, una fiereza que había esperado dos siglos este momento.

No sabíamos el daño que hacíamos, le contestaron. De veras, se lo juro doña Rosario, dijo el contable Robinson, creador y diseñador de la marca. Lo hemos jurado miles de veces, pero aquí no nos hacen caso. En tanto los diablos (burócratas I.) en un rincón, releían el salvoconducto que rara vez se otorga, molestos por la media hora de interrupción en su eterna labor. Cabe aclarar que el burócrata C es el celestial, en tanto el I, como es obvio, pertenece al Infierno.

Su contestación la admito, dijo Charito, para los primeros años de fabricación y venta, pero debió haber llegado el momento en que al menos sospecharon que vendían una droga, una droga con altísima cantidad de azúcares y cafeína que dañan la salud y causan adicción o de lo contrario no hubieran usado en la fórmula hoja de coca que importaron proveniente de Bolivia. Tanta Coca Cola ingerí, que a pesar de haber dejado la vida terrestre hace tantísimo tiempo, su contenido aún circula por mis venas.

Perdón, perdón gritaron en coro y un diablo se adelantó. Ya le dije y les repito que aquí no hay perdón. Si no los perdonaron allá arriba, ¡aquí se joden!

Fue la avaricia por el oro, por el dinero, pecado capital gravísimo, dijo Charito y adelantó, se lo merecen. Piensen en los millones que mueren cada dia por la misma razón que yo. Me privaron de gozar a mis hijas y nietos. Y al volverse, menospreciando el tiempo aprobado, pues apenas habían transcurrido doce minutos, con la cara hinchada por los efluvios del famoso refresco ardiendo, les

sentenció: gente como ustedes no tienen remedio. Hiervan en sus aguas negras hasta el juicio final. Quizás entonces les perdonen. Yo no abogaré por ustedes. Son la escoria que persigue tan sólo su bienestar sin tomar en cuenta el mal que hacen. A ti John Pemberton te señalo como inventor de la fórmula y a ti Asa Candler y a tu hermano como los portadores de mentes malignas que la comercializaron en el mundo entero, ufanándose sin saber la diferencia entre el éxito y la responsabilidad social que todos tenemos.

La Hormiga Arriera

La cocacolarización de la humanidad se inició en 1886, pasada la Guerra Civil estadounidense, en una época en la que su población consumía mas cocaína que la que consume hoy en día y las autorizaciones gubernamentales se emitían con manga ancha, bajo el credo de apoyar a ultranza a los empresarios. Una de las bebidas mas populares era la denominada Vin Mariani, mezcla de vino francés y un extracto de hojas de cocaína del Perú, que el mismísimo Presidente de los EUA, Ulysses S. Grant, recomendó. Surgieron muchos competidores, entre ellos el farmacéutico Pemberton que elaboraba tónicos curativos, como muchos médicos ambulantes de la época. Pemberton comercializó lo que llamó “vino de coca”, una bebida curativa y reconfortante parecida al Vin Marani, al que le añadió extracto de nuez de cola que contiene un alto grado de cafeína; sin embargo, en poco tiempo lo detuvo la ley seca en Atlanta, lo que le impedía comercializar su bebida debido al contenido de alcohol. Esto lo resolvió al substituir el alcohol con 1.36 kgs de azúcar quemada a cada litro del refresco, que complementó con una mezcla de saborizantes como limón, lima, naranja y especies como vainilla, nuez moscada y

canela en cantidades mínimas, ya que el 99% de la bebida se integra por agua y azúcar.

Peberton se inició vendiendo en su farmacia 6 vasos al día. Hoy se venden mil millones de botellas cada 24 horas, en mas de 200 países, un listado que es superior a los miembros de la ONU. Es la bebida mas popular en la historia de la humanidad. En 2010, México fue el país donde el consumo fue mayor, a razón de 675 botellas de 8 onzas (237 mililitros) per capita por año. Lo siguió Chile con 445 y EUA con 394 botellas anuales.

La información sobre el contenido de azúcar de la botella de 8 onzas, es diferente en diversos estudios, algunos de los cuales parecen amañados para favorecer su consumo. Si tomamos la media, esta sería 5 cucharas soperas (125 gr) por dichas 8 onzas. Si esto lo multiplicamos por 675 botellas, esto quiere decir que el mexicano promedio ingirió en 2010, mas de 84 kilos de azúcar anuales, lo que promedia 231 gramos al dia. Cerca de ¡un cuarto de kilo diario! He aquí la razón por sacar al mercado la Coca Cola dietética.

Según La Organización Mundial de la Salud, la ingesta excesiva de azúcares aumenta el riesgo de obesidad. Recomienda que se reduzca a menos del 5% de la ingesta calórica total, lo que además de mejorar la salud en general, reduce la presencia de caries dentales.

Es de explorada investigación científica que el exceso de azúcar ataca y corroe los tejidos, principalmente los del sistema nervioso, lo que puede provocar amputaciones, ceguera, alzheimer y otras enfermedades. A lo anterior debe añadirse

el drama actual de la diabetes en México, que ha llegado a constituir una verdadera epidemia, con un costo enorme para el erario y los particulares.

La mayoría de los consumidores de la Coca Cola no quieren saber esta información, debido al ingrediente de hoja de coca que provoca adicción, aunque se asegura en algunos estudios de que es previamente tratada para quitarle los alcaloides. Se suma a lo anterior el extracto de nuez de cola cuya cafeína es otro estimulante que muchas personas buscan. Al juntarlos se provoca exceso de energía, al grado que es conocido el hecho de que durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los aliados como los países del eje, necesitados de soldados estimulados, consumieron Coca Cola por igual. Durante el conflicto, Alemania consumió en promedio 4.5 millones de botellas anuales.

Cierro este hormigo-comentario, ya que el tema da para un libro choncho plus. No tocamos el contenido de sal (55 grs por lata y su efecto diurético), el invento del Santa Claus mercadológico y otros aspectos negativos que se han señalado en varios países. Cabe indicar que The Coca Cola Company y sus cientos de embotelladores a nivel mundial (a quienes se les entrega el jarabe base del refresco), preocupados por la buena imagen del producto, venden versiones con substitutos del azúcar de caña ( edulcorantes,) . Recientemente han iniciado constantes y carísimas campañas relativas a la importancia de la salud, en el afán de evitar la caída de la prevaleciente cocacolarización mundial, frente a consumidores cada día mejor informados.

 

Etiquetas: coca cola

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