| Ignacio Gómez-Palacio

EL FRANCOTIRADOR DE PALACIO NACIONAL

Pasaron años y años antes de decidirme a escribir una novela negra. El género es todo un reto al que yo no me había avocado, pero no encontraba por donde podría escribir algo atractivo y original, hasta que sucedió lo imprevisto. Esto de las novelas y los cuentos, en mi caso, es como un rayo que cae del cielo y que con el paso de los días se va conformando o auto destruyendo, sin que yo intervenga salvo como espectador y juez final que sabe o desecha la trama. Si me pongo a escribirla o tiro a la basura las pocas notas que logro garabatear.

Me sucedió en Nueva York, en la sala de juntas de una prestigiada firma de abogados de Wall Street, donde uno de sus socios, especialista en tributación internacional, diseccionaba la planeación fiscal de un caso, como carnicero que destaza un toro sin derramar gota de sangre. Se trataba de un colombiano con licencias para practicar derecho en su país de origen y en La Gran Manzana, que se hablaba de tu con cualquier asesino a quien no le tiembla el pulso. Noté su gozo. La frialdad de su mirada asesina y una sonrisa exigida por el momento en el que expulsaba con la dentadura apretada, la estrategia a seguir: el camino para evadir las garras del inquisidor fiscal estadounidense.

Así llegó El Francotirador de Palacio Nacional, a la pantalla en blanco de mi laptop que uso cuando viajo. Escribí: “Lucio Abreu es un asesino singular, excéntrico y sorprendente. Antes de volarle los sesos a Juan Rosario, sólo había matado una vez. En aquel caso no usó arma. Este fue su segundo y último homicidio. Así lo decidió. Sabe el valor de su trabajo. El riesgo. Y su decisión de actuar con premeditación, alevosía, ventaja y traición, por el beneficio de contar con los dados cargados, bien cargados a su favor. No en balde es abogado amante del detalle, especializado en tributación internacional.”

Debido a mi interés en la “cosa pública” el rayo que cayó sobre mi cabeza anunciándome la trama me dijo que se trataba de un magnicidio. Entonces escribí: “El candidato se desploma a media palabra. Apenas inicia su discurso ante cien mil almas que atiborran el Zócalo de la ciudad de México. La bala expansiva calibre 408 acierta en la cabeza. Entra por el hueso parietal. Destroza el cerebro, los huesos temporales y nasales y la mayor parte de los músculos. En un instante la cara queda irreconocible. Juan Rosario Urique, candidato a la Presidencia de la República por el Partido Vanguardia Unida (PVU), no tiene tiempo de saber que muere. El reloj marca las 12:39 del mediodía del 22 de febrero de 20__.”

Recién había concluido mi labor como Presidente del Instituto Mexicano Para la Justicia, A.C., cuyo propósito central era el establecimiento de los juicios orales en el país. Habíamos logrado reformar la Constitución y nos encontrábamos dentro del período de ocho años que se establecieron en 2008, para que la reforma entrara en vigor.

En un sinnúmero de ocasiones se me había preguntado: ¿Qué es un juicio oral? ¿En qué consiste?, lo que es difícil de explicar a quien no tiene el entrenamiento legal; y mucho menos con la aridez de la lectura del texto constitucional y de los códigos penales procesales. Esto lo solucioné con la ayuda de esta señora hermosa que es la literatura, al poder plasmar personajes que con sus historias, aciertos y fracasos, con sus virtudes, penas, errores, tristezas y alegrías, provocaría el interés del lector que conocería los juicios orales, sin mayor esfuerzo.

Desde el principio de mi gusto por escribir esta novela, tomé cuenta de la importancia de relatar la lucha y el gran esfuerzo de nosotros los ciudadanos de a pie, por modificar el sistema de justicia penal en el país y nuestro increíble logro. El “sí se pudo”, que puede estimular a otras organizaciones de la sociedad civil, por que cuando nosotros empezamos, nadie creía que lo lograríamos y se nos tachó una y mil veces de soñadores. Por eso, seguido de la novela se incluye una crónica titulada ¿Por qué los Juicios Orales?, acompañada de un índice onomástico en el que se indica la página donde cada persona participante en este alentador resultado, es mencionada.

¿Por qué el título El Francotirador de Palacio Nacional? No deseo entregar de antemano a mis lectores la contestación, por lo que lo dejo para que lo resuelva la lectura de esta novela, que el pasado jueves 21 de febrero se presentó, junto con el lanzamiento de la Editorial Tintalaire, por dos expertos en los procesos penales, el Lic. Ernesto Canales y el Dr. Rafael Estrada Michel, ambos funcionarios del Estado de Nuevo León y del Poder Judicial Federal, respectivamente.

En su brillante exposición, Ernesto Canales mencionó: “El tamaño de la reforma en el nuevo catálogo de prisión preventiva vale a decir, sin ambages, que cualquiera puede ser metido a la cárcel sin juicio previo… se me enchina el cuerpo que después de 25 años de convencimiento masivo con innumerables personas y con todos los medios de comunicación, diez foros nacionales, innumerables conversaciones de uno a uno de quienes toman decisiones y cientos de reuniones de grupo para establecer estrategias, ahora, sin discusión pública, se aprueba esta nueva reforma constitucional. Es volver a vivir en una incertidumbre jurídica... no es creíble que un esfuerzo tan multitudinario de la sociedad civil se apruebe sin discusión pública y análisis de ningún tipo… esto nos coloca, como señalé Rafael Estrada, a nivel de un país totalitario.”

Por su parte, Rafael Estrada Michel, destacado jurista, después de manifestar su entusiasmo por Tintalaire, como una editorial que se habrá de distinguir por llegar a los lugares más remotos, mencionó lo siguiente: “Este es uno de esos libros entrañables que harían mucha falta en los centros de reclusión y donde podemos ejercer cabalmente nuestros derechos, para saber que hay un camino no solo de liberación, sino también un camino de dotación de sentido a la vida humana a través de la racionabilidad del proceso que ha estado tan largamente olvidado, como es el proceso criminal.”

¿Dónde adquirir la novela? En:

Me dará mucho gusto estar con cada uno de ustedes. Agrego que la Editorial Tintalaire está diseñando un sistema para que cierto día a la semana los lectores de las obras que publique, puedan establecer contacto y/o recibir contestaciones de sus autores. La comunicación se establecerá con quienes se registren en Tintalaire, que ya tiene establecido el procedimiento en su página Web.

Comentarios

  • Publicado por Jorge H. Amigo en

    Nada más por leer esta breve, muy breve reseña, se antoja leer esta novela, que será sin duda otro éxito del Lic. Gómez-Palacio. Enhorabuena

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