| Ignacio Gómez-Palacio

"El Francotirador de Palacio Nacional”: UN CRIMEN DE ESTADO

Luis Donaldo Colosio fue un candidato presidencial asesinado en 1994 frente a cientos de correligionarios. Lo mismo le sucedió a Juan Rosario Urique en mi novela, titulada “El Francotirador de Palacio Nacional”. La diferencia entre uno y otro caso es notable. En el primero, México estaba sujeto a un procedimiento penal escrito, no público, a obscuritas, con jueces lejos de testigos y pruebas. Apenas hace un par de meses, 25 años después de su asesinato,  la autoridad responsable ha hecho públicos documentos y grabaciones seleccionados con celo,  del proceso penal seguido en contra del presunto asesino, Mario Aburto Martínez. Es de sospecharse que se trata de una “verdad” a medias.

¿Qué hubiera sucedido si el homicidio se hubiera realizado en la actualidad? ¿Cuando ya se han establecido los juicios orales, públicos, transparentes, en el que el juicio se lleva a cabo en una sola audiencia frente a tres jueces y los medios? ¿Qué sucederá con el amparo, que está recibiendo la influencia de los juicios orales, en  tanto litigantes educados en el pasado lo utilizan como un procedimiento legítimo, que ha llegado a corromperse en beneficio de la delincuencia, lo que provoca una imagen negativa de la justicia en nuestro país?

La novela se inicia con las siguientes palabras:

“El candidato se desploma a media palabra. Apenas inicia su discurso ante cien mil almas que atiborran el Zócalo de la ciudad de México. La bala expansiva calibre 408 acierta en la cabeza. Entra por el hueso parietal. Destroza el cerebro, los huesos temporales y nasales y la mayor parte de los músculos. En un instante la cara queda irreconocible.”

Debido al calibre del arma utilizada, la bala que el francotirador dispara a distancia, se encaja en una pared de Palacio Nacional, donde dia con dia nuestro Presidente actual preside una multitudinaria rueda de prensa, lo que ha llevado a mis lectores que aún no han leído la novela, a preguntarme si existe alguna relación entre lo que  narro y la importancia que ha tomado actualmente el Palacio Nacional, como el lugar donde se llevan a cabo las ruedas de prensa que diariamente nos informan los medios. Yo he querido que esta pregunta la contesten en lo individual, cada uno de mis lectores.

El momento que hoy vive la nación es único en nuestra historia moderna. La sociedad esta agitada. Con frecuencia se escuchan altercados de alto antagonismo, con tonos e intensidades subidas. La postura de unos y otros, las marchas, las molestias con los medios de nuestro Presidente, la inseguridad, la corrupción y las injusticias que parecen no detenerse y no castigarse, empiezan a amargar las relaciones sociales, de un pueblo como somos los mexicanos, que nos destacamos en el mundo entero por nuestra amabilidad y bonhomía. Podemos vivir bebiendo de los vientos semanas, meses y años. Lamiendo el dedo de quien nos da atole. Pero el hartazgo empieza a ser el alimento de todos los dias, lo que puede prender la mecha del México profundo. La ciudadanía de todos los niveles culturales y sociales.

En cierto momento de la novela el padre de “El Francotirador” le dirige estas palabras a su hijo por teléfono:

“….tu presencia me estorba. Un solo consejo te doy: hazte de dinero. Evita ser esclavo que trabaja contra reloj. Procura que sea en una o dos operaciones. No te arriesgues más. Después dedícate a disfrutarlo. El dinero da poder. Lo tendrás mientras te dure. La política da un poder temporal sujeto al escrutinio público. Eso no es poder. Ya pasaron las épocas en las que se podía hacer dinero y tener poder en la política. Hoy la democracia y los medios han dado al traste con esa dicha. Nunca el dinero ha sido más importante que en estos tiempos…. No te quiero hacer hijo de papá. Busca tu fortuna solo. Sin mi ayuda. El dinero te dará poder y libertad. Adiós. Voy a colgar. Te pido que no me hables. No te contestaré. Así, que quedas advertido. Crece. Madura. Vive, que por algo te puse Lucio. Quiere decir luz. Es la gracia que Dios le dio a su favorito, al nombrarlo Luzbel. Este lo traicionó. Yo no quiero correr el riesgo. Adiós y no preguntes si te voy a heredar, porque ya tengo heredero y no eres tú. Te he educado y enseñado a valerte por ti mismo. No necesitas mi dinero. Se hombre con todas sus letras. Tienes con qué.”

Ante las circunstancias nacionales que se viven en la novela, similares en cierta forma a las que se viven en el México de nuestros días, en este editorial no deseo tomar partido. Deseo simplemente expresarme como observador de la perturbación social que nos puede conducir a una epidemia de miedo con resultados catastróficos. No sólo me refiero a ahuyentar la inversión privada, la que es por mucho la mas importante en el país, me refiero a lo que nos ha sucedido en el pasado: la lucha entre hermanos, impulsados por la turbación y el desasosiego. Hoy, la mayoría tiene un patrimonio que defender, por pequeño que parezca, razón por la que no busca ni desea el conflicto. Sí, pero si este se merma, si no hay puertas que abrir, oportunidad que nos de la mano y la frontera que nos ha servido de válvula de escape se encuentra cerrada a piedra y lodo, no puede anticiparse lo que sucederá.

“El Francotirador de Palacio Nacional” es una novela sobre la justicia. Justicia lisa y llana. Justicia que requerimos en nuestras comunidades, en nuestras vidas, en nuestro país. La novela sigue el procedimiento de un juicio oral como actualmente está establecido en toda la República. Todos estamos sujetos a la posibilidad de ser demandados. Es indispensable conocer lo que enfrentaremos en lo individual o en procesos seguidos en contra de amigos y parientes. ¿Qué mejor que conocerlo con personajes que la literatura nos ofrece, involucrándonos y aprendiendo sin la difícil aridez de estudiar códigos y leyes, las que de por sí presentan dificultad para los abogados, cuantimás para el ciudadano de a pie? Esta es la principal razón para haber escrito esta obra. A nadie le conviene desconocer los derechos y obligaciones básicas del procedimiento. En “El Francotirador de Palacio Nacional” se aprenden sin el dolor, la seriedad y el conocimiento jurídico que demanda el estudio del derecho procesal penal.

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