| Ignacio Gómez-Palacio

Envejecer no es para cobardes.

 

Muchas palabras vienen a la mente: deterioro, perdida de vista y memoria, locomoción lenta, depresión, cambios morfológicos y funcionales, vulnerabilidad, enojo, soledad, mal aliento, sedentarismo, alejamiento social, etc. Por eso la famosa sentencia que se le adjudica al escritor estadounidense Ernest Hemingway, antes de suicidarse: “las fresas ya no saben igual”.

El final de la vida resulta insoportable si no está presente un deseo de superación, un sacrificio que la persona mayor haga con pleno convencimiento u otra razón de fondo aceptada por él o ella. El suicidio es un escape que deja secuelas imposibles prever.

¿Qué tanto influyó en Hemingway el suicidio de su padre? Ciertamente lo hizo. Imposible determinar qué tanto.

Me parece que para evitar la elección entre cobardía y la valentía que implica mantenerme vivo para no perjudicar a mis seres queridos, recurriré a lo que creo es una solución inteligente: unirme a los jóvenes y aportar mi experiencia de vida, abierto para aprender de sus respuestas. En consecuencia, he decidido dar un paso al frente y entrar a las redes sociales. Puede compararse con quien lleva años de montar a caballo y observa con horror/sorpresa a quienes se transportan en automóviles (armatostes que caminan solos).

Finalmente, es una aventura, y aventurero he sido toda mi vida. Escribir es lo mío. Lo he hecho desde la adolescencia (cuando adolecía más que hoy). Con estos comentarios me lanzo al agua en busca de cuatro, quizás cinco lectores. ¡Kiobas amigas y amigos! Saludos. Prometo no aburrirlos. Es promesa que voy a cumplir al menos durante dos décadas, hasta que en esos primeros días de noviembre festeje desde la parte obscura del panteón: el subsuelo. Mis breves comentarios los publicará cada miércoles mi editora (Tintalaire).


La próxima semana mi comentario será sobre El Ridículo y Lady Gaga.

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