| Ignacio Gómez-Palacio

¿Está Trump más allá de la ley?

¿Está facultado el Poder Judicial Federal estadounidense para juzgar al titular del Poder Ejecutivo? La contestación es afirmativa. De hecho son bastantes los juicios en los que Trump y sus empresas participan como demandados. Lo que no es facultad del Poder Judicial, es ordenar la remoción —impeachment— del Presidente en funciones de los EUA.

Como cualquier presidente de los EUA, Trump no puede ser removido por violar la ley. Si así fuere, serían los jueces, el Poder Judicial el que tendría la capacidad de destituir al Jefe del Ejecutivo, lo que sería una decisión adoptada por un puñado de juristas, —facultados para interpretar la ley— alejados de la voluntad de los representantes del pueblo, lo que sería contrario a la intención de los Founding Fathers de la Unión Americana.

Alexander Hamilton, uno de ellos, explica—en el Federalista 65(*)— lo que denominó “el carácter judicial del Senado”. Indica: “… el abuso o violación de la confianza pública otorgada respecto a una conducta ilícita de hombres públicos…. es de singular naturaleza e insta a denominarlo con propiedad como [Juicio] POLÍTICO, en virtud de relacionarse principalmente a daños causados a la sociedad misma”.  Explica que duda que los jueces tengan en un caso de impeachment el “grado de credibilidad y autoridad” requerido.

La Constitución de los EUA señala que el proceso de remoción del Presidente se inicia por la Cámara de Representantes (Artículo II, Sección 4 y Artículo 1, Sección 2), pero es el Senado, presidido por el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, el que decide su remoción, por el voto de las dos terceras partes de sus miembros presentes (Artículo 1, Sección 3).

Es necesario distinguir entre un juicio judicial —valga la redundancia— y un juicio político. En un procedimiento político de remoción, el Presidente no es juzgado por jueces, sino por representantes del pueblo, miembros del Poder Legislativo no expertos en interpretaciones legales y en cambio expertos en política, en conocer y ponderar la opinión de los electores. En consecuencia, la votación en el Senado estará sujeta a si le conviene políticamente al partido mayoritario (actualmente los republicanos) y a sus candidatos a cargos de elección popular, mantener o remover a Trump, quien como todo indica, buscará la reelección.

La Casa Blanca sabe que el horno no está para bollos. El director de la campaña de Trump (Paul Manafort) ha sido encontrado culpable, su abogado ( Michael Cohen) se ha declarado culpable, ambos de varios delitos. Hace unos cuantos días, Roger Stone su asesor de tiempo atrás fue apresado en Florida. El partido demócrata y sus grupos parlamentarios diseccionan bajo lupa y microscopios atómicos cada uno de sus actos, en especial los realizados durante su campaña. El color oro que tanto le gusta a Trump, se le ha puesto color de hormiga.

¿Existe una salida? Por supuesto que la hay. En un juicio político los argumentos legales salen sobrando. Lo que importa en un juicio político es la política. En otras palabras, que el riesgo de remoción está íntimamente ligado a la popularidad de Trump. A mayor popularidad menor el riesgo.

¿Se atrevería un senador republicano a votar a favor de la remoción a sabiendas de que sus electores favorecen a Trump? ¿Lo haría consciente de que en las  próximas elecciones su escaño personal está en juego? Aquí yace la explicación del porqué Trump ha iniciado desde hace tiempo su campaña de reelección y la continúa.

La política es cocina de embutidos de especies escondidas, donde el cocinero mayor y sus secuaces entripan lo que otros inocentes comen con inocente alegría.  

(*) La publicación donde los Founding Fathers de los EUA dejaron plasmadas sus ideas de lo que consiste el federalismo.

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