| Ignacio Gómez-Palacio

¿Éstas personas robaron a mis vecinas?

Resido en Valle de Bravo y hace unos días, en las casas cercanas a mi domicilio, se suscitó un incidente a tempranas horas de la noche: un adulto y un joven fueron aprehendidos por vecinos y policías, supuestamente, por haberse introducido a robar donde habitan una señora mayor y una joven. Después de que los presuntos delincuentes fueron rescatados de manos de quienes iniciaban su linchamiento, fueron llevados ante el ministerio público, quien un par de días después, decidió ejercer acción penal y turnar el caso a los jueces. Esto, después de oír el testimonio de las víctimas que fueron amenazadas con armas blancas, golpeadas y haberle encontrado a uno de los acusados el monedero de la señora mayor. Recibió como pruebas adicionales el informe médico que reportó golpes y contusiones en las mujeres afectadas, dos cuchillos y la narrativa por otros testigos de actos relacionados con los hechos.

Para las víctimas esta fue su primera victoria, ya que con frecuencia el ministerio público deja en libertad a los detenidos por falta de pruebas, lo que ha provocado que actualmente la policía exija a quienes piden la detención de alguna persona, las evidencias que eviten que a los detenidos los dejen en libertad. Obviamente los propios policías son llamados por las partes como testigos, debido a su cercanía con la escena del crimen. Lo anterior se debe a que México se ha unido al enorme grupo de países en los que la inocencia se presume, salvo prueba en contrario.

Dentro de las primeras 72 horas, contadas a partir del momento en que los acusados fueron puestos a disposición del ministerio público, se celebró audiencia presidida por una juez de control. Ahí, los acusados solicitaron, con base en ley,  un nuevo plazo de 72 horas que les permitiría probar su inocencia y evitar ser vinculados a proceso sin derecho a libertad, en tanto se lleve a cabo su juicio. Antes de que se cumplieran las 144 horas, se celebró la segunda audiencia a la que asistí en calidad de ciudadano parte del público que se reunió.

La experiencia resultó enriquecedora debido a que:

  • Se llevó a cabo en una sala de audiencias adecuada, espaciosa, en la que la juez al centro, en un asiento elevado presidió la audiencia, cada una de las partes [acusados y sus abogados por una parte y el ministerio público y el asesor (contratado por las víctimas) y las dos mujeres ofendidas] ocuparon escritorios y sillas de cada lado de la sala, en tanto los acusados fueron colocados en una cabina detrás de un vidrio con micrófono. Un equipo electrónico grabó el acto. Las cómodas y acojinadas butacas del público, estaban separadas de la acción entre las partes y la juez, por un barandal bajo de barrotes de madera.
  • A la entrada y dirigiendo a la audiencia a sus asientos, varios policías bien uniformados imponían orden al acto.
  • Dentro de la sencillez que podría calificarse republicana, la solemnidad necesaria para la impartición de justicia fue cuidada con esmero.
  • Una mujer de traje sastre de tres piezas solicitó al público ponerse de pie para recibir a la juez. Seguido, anunció el motivo de la audiencia.
  • La juez togada, se dirigió a las partes con admirable propiedad, les dio la oportunidad de presentar sus pruebas y argumentar a favor de sus representados, en ocasiones preguntando a los acusados si habían comprendido tal o cual aseveración.
  • Las víctimas demostraron valentía y coraje admirable lo que la comunidad debe agradecer.
  • Después de más de una hora de actuaciones, se concedió un período de quince minutos a las partes, sus representantes y la propia juez para descansar y continuar con la audiencia.
  • Una vez concluida la intervención de las partes, la juez con sorprendente detalle manifestó sus conclusiones respecto a cada prueba ofrecida, en muchas ocasiones dirigiéndose a los acusados directamente, pupila a pupila, quienes a no dudar sintieron la solemnidad,  importancia y trascendencia de la justicia y del acto mismo, lo que la llevó a finalmente vincular a proceso a los acusados, obligándolos a permanecer encarcelados hasta que se lleve a cabo su juicio, término durante el cual los instó a recabar evidencias que demuestren su inocencia, fijando la fecha para celebrar su juicio en una sola audiencia, tres meses después. Esta fue la segunda victoria para las víctimas.

Lo anterior puede parecer a quien esto lee, que se trata de lo que obviamente debiera de suceder, sin tomar en cuenta que esto acontece en nuestro país a partir del 18 de junio de 2016, fecha de instauración de los juicios orales. Que México tenía más de dos siglos de retraso en su adopción, comparado con el resto de los países civilizados. Que antes los juicios se llevaban a cabo por escrito, de manera secreta, sin que la presencia de juez, quien carecía de contacto y cercanía con las pruebas, testigos, acusados y víctimas, celebrándose numerosas audiencias sin la asistencia del juzgador.

Lo que resta comentar es relevante, ya que como ciudadanos estamos en un proceso de aprendizaje:

  • Muchas de las personas parte de la comunidad, no asistieron a ninguna de las audiencias por temor a que los acusados los identifiquen y les causen perjuicios. Esta cultura debe de combatirse con apoyo en el valor cívico y la debida protección y en su caso castigo ejemplar a quienes lleguen a causar daño por tal motivo.
  • Los acusados son inocentes hasta que en el juicio a celebrarse en agosto próximo se demuestre lo contrario, por lo que la propia ciudadanía no debe condenar anticipadamente a los acusados.
  • A la ciudadanía le toca cuidar y proteger en la medida de sus posibilidades a las víctimas, para que no se les intente amedrentar e inclusive forzarlas a desistirse de su acusación.
  • La ciudadanía está atenta a la nueva forma en que se está impartiendo justicia, lo que deben tener presente los jueces y demás encargados de la autoridad jurisdiccional, de lo contrario puede acarrear la indeseable consecuencia de la desilusión en el sistema, con serias consecuencias en el entramado social.
  • La mejor policía son los ciudadanos. Nosotros tenemos la información y como en este caso, la posibilidad de darle a la policía el apoyo que requiere para atrapar a los posibles delincuentes.

Estoy emocionado por la actuación profesional y convincente de las autoridades judiciales. La crítica diaria a nuestro gobierno es ácido que me corroe a diario. Contemplar todo lo contrario es altamente satisfactorio. Es medicina que requiero y me enorgullece de ser mexicano. Ya era tiempo de paladearla.

Gracias poder judicial del Estado de México. Los felicito.

Etiquetas: Juicios Orales, Justicia

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