| Ignacio Gómez-Palacio

HIEMATLOSES, JIRAFAS Y EL SISTEMA CODI

Yo nací hiematlose. Así nos identifican los alemanes a quienes carecemos de nacionalidad y a veces hasta de domicilio. Esto último no es mi caso, pero no tengo nacionalidad, lo que es una maravilla que agradezco a mis padres, ambos gitanos húngaros que llegaron en 1959 a Veracruz, con una función de perritos brinca fuego, donde seguramente un agente migratorio aburrido y con ganas de diversión, los dejó desembarcar para después olvidarlos.

La vida ha sido buena conmigo. Llegué a los tres años y nunca me registraron. En la escuela rural de Catemaco no les importó la falta del documento y así me seguí hasta estudiar de abogado en la Universidad Veracruzana, donde no me recibí. No puedo. No existo y no me interesan los papelitos. Audité las clases. Leí los libros y arreglo cuanto litigio o trámite me cae en las manos, lo que no es seguido. Tramito directamente a nombre de mis clientes y doy factura por cualquier monto, ya que no tengo registro federal de causantes, ni cola que me pisen, pues no existo. Cuando necesito ayuda, se la pido a mis amigos de la universidad, porque eso sí, siempre he creído en la amistad. No estar atrapado por la burocracia, los registros, las matrículas, los asientos y protocolos me ha hecho sentir golondrina, papagayo, águila que con cualquier vientecito abre sus alas, surca el espacio infinito y cambia de lugar. Nadie que yo sepa es tan libre como yo. Todo se lo debo a la sabiduría gitana de mis padres.

Tengo la enorme dicha de carecer de credencial del INE, aunque tengo varias que me he agenciado y que saco a relucir cuando hace falta. De todas maneras las fotos salen borrosas como yo soy. ¿Cuál es el problema? Para el fisco no existo. Para los políticos tampoco. Soy amigo de los descendientes del brujo Aguirre de Catemaco y ellos son los que me llegan a proteger cuando de rareza hace falta, porque a todo funcionario que se le amenace con clavarle alfileres a su muñequito, prefiere renunciar antes que molestarme. Cualquiera se puede reír del mas fregón de los médicos de hospitales finos, pero de un brujo nadie.

Soy un apátrida feliz. Sé que las instituciones sólo arrean para su molino. Endulzan la entrada pero después no hay escapatoria. No estoy ligado a ningún estado, país o institución. En México, no soy “el soldado que en cada hijo te dio”. No me molestan con mi opinión para encuestas o para registrarme en algún partido político. Tengo una hamaca matrimonial y conozco su manejo solo y hasta con doble compañía. Sus vueltas y entretejes los domino, bueno salvo aquella vez que afuera de mi casita de piso duro de tierra, arriba de la cascada del Eyipantla se me apareció una jirafa que asomó su cabezota sobre mi techo de paja. Confieso que me caí. La impresión me tumbó.

¿Saben ustedes el tamaño de una cabeza de jirafa? Tiene mas de un metro de largo, con cuernos peludos. Movió la paja del techo de dos quijadazos y se asomó. Menudo susto me dí.

Afortunadamente el animalote era educado. Después de darme los buenos días, con movimientos de su cabezota, me pidió ayudarla a encontrar sus manchas que había perdido con las tormentas tropicales de esta selva, a las que no está acostumbrada en las planicies africanas. Imposible que pudiera pasar por mi puerta de entrada con sus casi seis metros de alto. La conversación la tuvimos ella afuera y yo acostado en mi hamaca de doble hilo de algodón, a la que me volví a subir. Por no recordar si las jirafas son de base crema y manchas cafés o de base café con manchas cremas, me levanté a verla de cuerpo entero. Quedé sorprendido de ver que era color crema de pies a cabeza. Al ver mi sorpresa gimió. Llevo varias semanas así y no aguanto ser una jirafa crema, me dijo. Me siento desnuda. He tenido que adentrarme en la selva, para no ser vista. No soy albina. Yo tenía mis manchas. No sé qué va a pasar cuando me encuentre a un macho. Me va a despreciar.

Por Dios, le pregunté, ¿qué hace una jirafa crema en las selvas de Los Tuxtlas? Llegué con un circo y me olvidaron o me dejaron a propósito. No lo sé. Pateé la puerta de mi jaula hasta tirarla y me la he pasado comiendo y huyendo de los jaguares. No ha sido fácil. Mientras he perdido poco a poco mis manchas.

Había que conseguirle manchas cafés, lo que no era problema por aquello del color, ya que recién había pintado la pared de mi recámara y los de la Comex en San Andrés Tuxtla me enseñaron un enorme catálogo, con infinidad de colores. El problema era su posible reacción alérgica. Decidí que con edificarle un cobertizo que la mantuviera seca, sus manchas regresarían.

Le pedí que regresara en tres días. Mientras yo le construiría un cobertizo para protegerla de los aguaceros que pronto se acabarían, por estar al final de la época de lluvias. La verdad es que me enterneció. Con un guardadito me fui a la maderería. Me cotizó $2,500 por la altura de 6.50mts a la que me obligaba el animal. Para mi sorpresa, no quiso recibir efectivo. Me dijo que debía de utilizar el cobro digital o “CoDi” para comprar con mi celular, para lo cual debía inscribirme en el Registro Federal de Contribuyentes. Que los inspectores habían llegado al pueblo. Decidieron tomarlo como ejemplo en Veracruz, para ejecutar su sistema nuevo para evitar el uso de billetes y monedas y andaban fiscalizando que todos cumplieran. Bueno…. que en el pueblo nadie recibía efectivo ni para comprar pan o fruta en el mercado y los inspectores del gobierno de López Obrador se habían llevado a la cárcel a los que agarraron en compraventas ilegales. Dicen que el Presidente dijo que primero los impuestos, después los impuestos y siempre los impuestos o va a dejar de llamarse Andrés Manuel.

Se dijo que al zapote prieto, al mamey y a los árboles de guayaba, los andaban alambrando para ponerles cámara escondida y al que lo pillaran bajando uno del árbol sin reportarlo al fisco, los cobradores de impuestos lo encarcelarían, mínimo por veinte años.

El asunto me sorprendió, pero no del todo. Ya tenía antecedentes. No creí que se aplicara tan rápido. Hacía unos meses que un amigo me había enviado un video en whatsapp donde el mismísimo Secretario de Hacienda lanzó una amenaza, contra los que pagamos en efectivo, al afirmar que “si alguien quiere pagar en efectivo, estaría levantando una alarma que probablemente no quiere declarar todos sus ingresos”, lo cual yo practico como religión. Jamás he ido a cobrar un cheque a mi nombre, pues no tengo credenciales. Acostumbro cobrar cheques al portador o recibir efectivo e irme a mi casita, hasta recibir llamada de algún posible cliente. Llevaba varios meses sin llamada, pero como soy soltero sin hijos y un solo perro que a veces está conmigo y otras sale por varios días a buscar perras, salgo de compras muy de vez en cuando. Junto a mi casa planté varios árboles frutales que aquí crecen como yerba.

Mira Filemón, le dije, esto es cosa de imaginación. Tú me conoces y sabes que soy buena paga. Todos saben que eres de ley, me contestó. Entonces, te pago con un pagaré exigible a la vista. Cuando quiera me lo cobras o pagas con él alguna necesidad. Me urgía resolverle la humedad a la jirafa y no iba yo a registrarme con el fisco. No después de tantos años de libertad. Se quedó piensa y piensa y listillo que es me dijo, porque no me das cinco pagarés de quinientos pesos.

Así fue que vino a suceder que en el pueblo empezaron a circular pagarés, eso sí, emitidos por gente de confianza pública. Sucedió en los bigotes de los inspectores y estos ni cuenta…. bueno, hasta que empezaron a circular dólares y es que tan cerquita que están los gringos y tanto tráfico que tenemos con ellos, pronto le entramos a lo que la gente conoce como “los pequeños gigantes verdes”…. bueno, hasta que don Pedro, el que compra oro y plata empezó a fundirlos y hacer moneditas protegidas con identificación secreta que el maneja y contesta dudas. Ahora es nuestra Casa de Moneda y aquí mero en Catemaco.

Lo curioso es que me dicen que ahora el fisco recolecta menos que antes…. bueno, ellos se lo buscaron.

La jirafa…. bueno, le puse su cobertizo y ahí se estuvo seca, hasta que le brotaron las manchas. Me dio las gracias, se hizo amiga de unos niños y ellos con sus papás, le encontraron un zoológico amable. A mí me repuso el gasto y un poquito más por su comida, eso sí, sin sistema CoDi, que ya para entonces andaba de capa caída.

Etiquetas: apatrida, codi, jirafas

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