| Christian Salas

LA DISYUNTIVA DE MAYOR RELEVANCIA DEL MUNDO MODERNO

 

 

 

 

 

Los tiempos han cambiado. El momento que vivimos es singular. Debemos detenernos y reconocer el peligro que nos acecha. La bestia ya llegó. Está aquí. Entre nosotros. 

La pandemia que vivimos, no es un tema para volver los ojos al juego de futbol en el televisor y pensar que estamos maduros y viejos y que ya vivimos. Que los jóvenes lo resuelvan. No, si amamos a nuestros hijos y nietos y a nuestra especie, que ha cometido grandes errores, pero también es rica en aciertos, creatividad, enmiendas y ejecución de actos de caridad y cuidado del medio ambiente.

Se ha comentado que la pandemia del coronavirus (covid 19) es consecuencia del daño ecológico acumulado que incluye el calentamiento global, la feroz competencia global y hasta la posible intromisión científica con las armas de la biogenética. Lo cierto es que si continuamos por la misma ruta y soluciones y surgen nuevos virus y pandemias, la existencia de nuestra especie puede estar en entredicho. Estamos frente a un shock de impacto mundial. Es el momento de buscar arreglos. Los ojos del mundo están atentos al tema y esto debe aprovecharse

La solución está en la imperiosa necesidad de reeducarnos y unir esfuerzos de países, regiones y el planeta entero, para encontrar respuestas comunes, para legislar al respecto y aplicar las sanciones a que haya lugar.

Conviene aterrizar las anteriores aseveraciones con algunos ejemplos: ¿Quién en su sano juicio consideró hace unos años, que al adquirir un condominio en la playa, contribuiría al daño del medio ambiente, con motivo de la contaminación que causa el avión que con naturalidad y a costo reducido (debido a la competencia) tendría que abordar? No cabe duda que la industria aeronáutica ha ido reduciendo los índices de contaminación, pero aún están por arriba del auto con varios pasajeros, el autobús, el tren y los barcos de vela simples o combinados con motores eléctricos.

Los antropólogos e historiadores señalan que de ser una sociedad nómada la humanidad pasó al sedentarismo, pero en la actualidad estamos al menos parcialmente de nueva cuenta en el nomadismo. ¿De qué otra manera puede entenderse que durante 2019 el número de pasajeros en aerolíneas fue de 4,000 millones y que la IATA estima que para 2035 aumentará a mas de 7,000? Esto debe analizarse a la luz del número de habitantes del planeta, que en 2020 ha llegado a ser de 7,800 millones. Y qué el número de aerolíneas ha aumentado y reducido los precios de transportación obligados por la competencia feroz y caníbal entre ellas, razón por la que establecen alianzas con hoteles y otras empresas turísticas para ofrecer paquetes a crédito imposibles de rehusar. Como un factor adicional debe considerarse que la clase media con acceso a utilizar el avión como medio de transporte crece en montos significativos, sobre todo en Asia.

¿A quien no le han preguntado donde piensa viajar el próximo verano o en las vacaciones cercanas? ¿Cuántas veces al año viaja una pareja e inclusive una familia de las distintas clases económicas en avión, a Europa, Acapulco o Mazatlán? ¿Con qué frecuencia se visita a los EUA con propósitos de shopping y/o parques de diversión? ¿Cuánto se han exagerado los viajes de trabajo en avión, cuando hoy, insertos en la cuarentena, nos damos cuenta de las posibilidades del trabajo a distancia? 

¿A que nos ha llevado lo mencionado anteriormente? A tener conciencia de vivimos en una sociedad moderna semi-nómada y que los daños ecológicos están fuera de control, lo que es factible que ha estimulado la pandemia actual. Un viaje se cuestiona en razón del precio de los boletos de avión, pero nunca en virtud del daño ecológico que se puede evitar, si en vez de utilizar el avión, se maneja un automóvil por ejemplo, a Puerto Vallarta. Esto es a lo que me refiero con la necesidad de reeducarnos.

Esta reeducación o manera de ver las cosas debe realizarse por países, regiones y de ser posible el planeta, a través de actos multilaterales que protejan el medio ambiente. Las materias que claman a gritos este trato son el medio ambiente (incluida biodiversidad y clima) y la salud. Debe repensarse la conveniencia de presionar para que los países se aboquen a estos temas y considerar la conveniencia de reconocer soberanías regionales y hasta una soberanía mundial, para su discusión, legislación y aplicación de sanciones.

El título que encabeza este artículo, es decir la disyuntiva de mayor relevancia del mundo moderno, se refiere a las decisiones que deben adoptar los gobiernos de todo el mundo frente al daño económico y de salud que posiblemente ha causado la pandemia. Tenemos que dar un golpe de timón y repensar lo que queremos. La disyuntiva es a qué empresas ayudar a sobrevivir la crisis económica que atraviesan y a cuáles no debe darse apoyo alguno. Es posible que de estas decisiones dependa la llegada de futuras pandemias y su consecuencia extrema: la extinción o permanencia de los seres humanos en este planeta.

En el caso de las aerolíneas por ejemplo, sería conveniente reducir su número (posiblemente por la ruta de la quiebra de muchas) y estimular el transporte en aviones de última generación que causen el menor daño ecológico posible, a pesar de que se incremente substancialmente el precio del boleto. El uso de aviones, avionetas privadas y helicópteros, debería así mismo regularse y quizás sujetarse a impuestos verdes, igual que el caso de las industria de los cruceros, la minería y las peleterías que utilizan cromo y aluminio en cantidades importantes. Estos son sólo ejemplos. Lo que se requiere es hacer una revisión exhaustiva de todos los rubros de actividad económica con posibilidad de causar daños al medio ambiente, y determinar su grado de regulación o apoyo.

Macron, Presidente de Francia, en participaciones públicas recientes, ha manifestado su interés en que Europa reflexione sobre estos temas, con el propósito de adoptar soluciones conjuntas por los diversos países que integran la Comunidad Europea. Algunas de sus posturas han servido para inspirar varios de los comentarios aquí contenidos.

Este artículo sólo se propone colocar el dedo en la llaga. Las diversas soluciones a que se llegue, no deben detener el avance tecnológico sano que no cause daños a la naturaleza. Fomentar el cultivo orgánico o bio es indispensable, igual que es necesario regular el uso de muchos productos químicos agroindustriales. Por otro lado, es conveniente aceptar ciertos daños controlados con motivo del bienestar que conllevan, como puede (y afirmo puede, ya que no soy experto en el área) ser el caso de la telefonía celular y la industria cibernética en general, que acarrean el enorme beneficio que conlleva la comunicación.

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