| Ignacio Gómez-Palacio

LA INFAMIA DE LA EDUCACIÓN DE CALIDAD

 

 

 

 

En la década de los 70´s viajé a Springfield, Illinois, EUA, con el propósito de ponerme de acuerdo con mi cliente, Mister George Bunn (inventor de La cafetera de goteo y del filtro de café acanalado de fondo plano), en relación con la firma de un contrato con una empresa mexicana, que deseaba incursionar en la elaboración y venta en México de las cafeteras Bunn-O-Matic.

El Sr. Bunn me aconsejó viajar a Chicago y tomar el tren a Springfield, mismo que se detuvo a medio camino en virtud de tremenda nevada. El congelamiento del sistema de calefacción resultó toda una aventura que narraré en otro momento. Mi cliente, un hombre en sus sesentas, alto, de mirar amable, me recibió en la terminal vacía, a las tres de la mañana. Llegué con diez horas de retraso. En el trayecto a su casa donde me hospedó, el nombre “Bunn” se repetía: “Gasolineras Bunn”, “Banco Bunn”, tiendas “Bunn”. No lo comenté, pero me di cuenta de la capacidad económica de quien me sorprendió tuviera la gentileza de recogerme personalmente. Después supe que era además de rico, una gran persona.

Hacia el final del dia siguiente, después de conversar el contrato en su oficina en el piso superior de un edificio de 7 u 8 pisos, ahí mismo le pregunté: “Mister Bunn, ¿a quien le va a heredar tu fortuna? ¿Cuántos hijos tiene?”. Después del tiempo transcurrido, ambos sentíamos amistad y simpatía recíproca. Me había preparado, de nuevo personalmente, el desayuno. Su trato hacia mi era paternal. El de un hombre mayor con un joven abogado de treinta y casi cuarenta años. Me había llevado a su farm, donde me paseó en un trineo tirado por un caballo, lo que resultó emocionante por yo ser caballista de nacimiento, con pocas posibilidades de practicar entonces el deporte que tanto me gusta.

El semblante de George dibujó un gesto amargo. Su mirada corregida por el dolor que sentí en mi cara, fue causa de que me arrepintiera por meterme donde no me llaman: “Voy a contarte mi historia que ojalá te sirva, Ignacio”. Seguido de un suspiro que cimbró su oficina: “Mi único hijo y yo, no nos hablamos. Aprendí la lección muy tarde. Tras una pausa eterna, el inventor empresario me narró lo que nunca he olvidado:

“Una noche de invierno, seguido de un conflicto mas con mi hijo, tomé el elevador hasta el sótano, donde un negro estaba encargado de alimentar carbón, a la caldera del edificio. Desesperado le conté mi problema. No dejé nada afuera. Fue una terapia que necesitaba. Él me escuchó sin interrumpirme. Al terminar, con mis ojos húmedos de llanto, le escuché: Su problema, Mister Bunn, fue que nunca le dio a su hijo el tiempo que requería. A usted, seguramente lo convencieron de que debía de darle “tiempo de calidad”, “educación de calidad” y que esto era mejor y suficiente. Que ver a su hijo una a dos veces a la semana era adecuado, siempre que ese momento lo usara para educarlo sobre algo que “lo educara” como el descubrimiento de América o la importancia de la democracia y los procedimientos a seguirse para asegurar su buen funcionamiento. El problema radica en que al niño le interesa su vida, el pajarito que se cayó del árbol, sus juegos, decirnos que ya está aprendiendo a patinar o narrarnos el caso del perro perdido del vecino. El no está interesado en otro mundo. Es a los padres a quienes les toca interesarse en el mundo del niño, pero sobre todas las cosas, darle el obsequio mayor que puede recibir, el tiempo de sus padres. Si tiene que ir a la farmacia e invita a su hijo a ir con usted y no hablan una palabra, suceden cosas maravillosas. El niño se siente amado por su padre que lo invitó, se dará cuenta como usted trata al farmacéutico y como resuelve, quizás una fricción de tráfico o cualquier situación. Pero sobre todo, el niño aprecia el tiempo que usted le da. Se sabe amado. Sabe que su papá quiere estar con él. Es la edad en la que sabe a ciencia cierta, que no hay en el mundo un padre mejor que el de él. De lo contrario, sufre una importantísima derrota, de la que quizás nunca se recupere.”

De regreso a mi casa en México, platiqué con mi esposa y aplicamos los consejos de Míster Bunn. Pronto nos dimos cuenta de que nuestros hijos, igual a sus compañeritos de escuela, deseaban mas que nada, la paz en casa para poder jugar, lo que se traducía en traer buenas calificaciones, para lo cual debían ganarse los favores de las maestras en turno, sin que les importara aprender o dejar de hacerlo. Fue entonces que decidimos impartirles cuarto, quinto y sexto de primaria en una pequeña casa de campo alejada de la mancha urbana, sin electricidad ni teléfono. Mi esposa tomó la batuta, en especial de su educación académica. Yo les narraba cuentos y los paseaba dentro del río en el que a veces pescábamos. Este es otro tema que dejaré para otra ocasión y que obligó a todos a ser creativos. Yo mantuve abierto mi despacho en la CDMX, de donde provenían nuestros fondos, ausentándome de la familia de lunes temprano a jueves noche. El experimento de dos años tuvo resultados extraordinarios, lo que puedo afirmar con cuatro hijos exitosos antes sus propios ojos y contentos con el camino que han recorrido, de edades hoy, de 34 a 49.

Siempre le estaré agradecido a Mister Bunn, a quien nunca he olvidado, a pesar de casi cuarenta años transcurridos. Seguido de mi regreso nos escribimos durante dos o tres semanas con relación al contrato, que no recuerdo siquiera si se celebró. No volvimos a tratarnos. Desconozco si padre e hijo lograron volver a hablar. Desconozco si Mister Bunn vive o ha fallecido, pero donde quiera que se encuentre le envío un gran saludo, convencido de la falacia del tiempo/educación de calidad.

 

La Hormiga

Aquí, el término “educación de calidad” no se refiere a los planteles de enseñanza o educación académica en general. No se desea dar la idea de que la educación de calidad de una escuela primaria o de una universidad puedan ser calificadas de infames. Esta Hormiga se dirige a la paternidad en el hogar y el tiempo que se le dedique a educar a los hijos.

El tiempo es eso, tiempo, y entregarlo es lo mas generoso que podemos dar. Los hijos lo aprecian mejor que nadie. Restringirle el tiempo a los hijos bajo la tesis de que con “tiempo de calidad” basta, comete una infamia. Quizás sin saberlo y quizás aconsejado por algún experto, pero en la opinión de esta Hormiga, quien no esté dispuesto a dar su tiempo, lo mejor es no tener hijos, lo que es el caso de muchas parejas sabias en la actualidad. La paternidad es una vocación y en buena medida una dádiva sin pedir nada a cambio; sin embargo, en la medida que esto sucede, el retorno volitivo surge con generosidad y grandes satisfacciones. Lo digo en mi calidad de padre y sin dudarlo, también lo afirmo en nombre de mi esposa.

Mario Benedetti escribió: “…. preciso tiempo el necesario para/ chapotear unas horas en la vida…”; para estos efectos agrego: “con los hijos”.

El tiempo entrega herramientas valiosas. Se usa para educar con el ejemplo y la verdad. Los padres que le dicen al hijo que, o se porta bien o no lo llevan a nadar a Las Estacas el domingo, en tanto el hijo sabe que haga lo que haga lo van a llevar pues no tienen con quien dejarlo, dicen una mentira y el niño lo sabe. Su inmediata conclusión es que sus padres son mentirosos. La mentira brota incesante, cuando el ejemplo contradice la palabra: “no fumes que te va a hacer daño”, consejo que se afirma con el cigarro en la mano.

A lo anterior, esta Hormiga añade cariño papachoso, ese que le rasca la cabeza al niño, mientras la mamá lo acompaña a ver caricaturas. Cariño que carga al niño y evita en lo posible la carriola o los brazos del empleado u otra persona. Cariño que acompaña en llanto y dolor. Cariño que comparte sueños y alegrías. Y finalmente el maravilloso sonido que cautiva y embriaga: la risa, ingrediente indispensable en toda familia.

Esta Hormiga aclara que sólo habla desde su experiencia de vida. No lo hace con base en estudios pedagógicos académicos. Tuvimos hijos porque los deseamos y pudimos. Nuestra bendición fue la fertilidad que gozamos a plenitud.

Informo que esta Hormiga descansará dos semanas (Navidad y fin de año), por lo estará de regreso el miércoles 8 de enero de 2020.

 

 

Etiquetas: educación, hormiga

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