| Ignacio Gómez-Palacio

LA MIGRACIÓN Y LA SENTENCIA: AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS

Nosotros los del Sur, no acuñamos la frase “América para los americanos”. La acuñó James Monroe en 1823 para dejar asentado que no debería tolerarse la intervención de países europeos en la lograda independencia gringa, ni en el resto del continente. Fue reafirmada por John Quincy Adamas, sexto Presidente de los EUA (1825-1829), estableciendo lo que se ha identificado como la Doctrina Monroe, la que fue admirada y aplaudida por muchos próceres latinoamericanos como Simón Bolívar.

Hacia finales del siglo XIX se olvidó el origen de la frase y tomó connotaciones imperialistas americanas, en especial en la zona del Caribe, lo que queda demostrado por el vasto número de intervenciones militares (Venezuela, Haití, Nicaragua, Cuba, etc.), cuyo propósito era asegurar dominación militar, económica y política. Fue la época conocida como la “diplomacia del dólar”. En los días trumpeanos actuales, las frases “America First” y “Make America Great Again”, vuelven a resonar la palabra

“América”, pero para apuntalar la riqueza y jerarquía estadounidense, que no desean compartir al Sur. ¿Deberíamos cambiar el nombre de esta parte del continente? ¡Por supuesto que no! Nos gusta el vocablo y no lo vamos a cambiar, sobre todo en la actualidad que empujamos hacia el Norte en cantidades que no falta que nos preguntemos: si América es para los americanos, ¿por qué no podemos disfrutar del agasajo? Nosotros también somos americanos.

La migración en el Continente Americano durante los últimos años es una gran sorpresa para quienes nacimos en la década de los 40´s y 50´s, cuando quienes se iban a probar fortuna al norte eran despreciados y tratados despectivamente con el mote de “pochos”. Llegaban con sus ropas chillonas y carrotototes, verdaderos lanchones de cuatro ruedas.

La presunción abierta, confrontaban con el desprecio social y un trato de casi casi traidores a la patria humilde pero digna que los había visto nacer. Poco a poco esto fue cambiando. ¿Qué lo cambió?

Muchas son las razones de este fenómeno en nuestro Continente Americano:

  • El sistema de partido único mexicano y sus tantas décadas de corrupciones crecientes que nos aterrizaron sin piedad los priistas.
  • Las constantes devaluaciones de las monedas de los países latinoamericanos y la inflación.
  • La sobreexplotación estadounidense de las riquezas naturales del Sur y la pobreza en diferentes grados que no ayudaron a combatir, a lo que se suma el apoyo a dictadores varios.
  • La acumulación de riqueza de los EUA, acompañada de su decisión de compartirla en mínimas cantidades con el Sur, de cuyos gobernantes desconfían. A esto se agrega no sólo la fuerza universal del dólar sino el inmenso poder que les da controlar la maquinita que los imprime o manda al mercado, la tasa de interés de los bonos del Tesoro EUA y ser considerado el lugar más seguro del mundo donde invertir.
  • La presencia del crimen organizado que en muchas ocasiones ha incluido a los gobernantes latinoamericanos, consecuencia de la inagotable demanda de drogas por parte de los estadounidenses, lo que ha imantado a otros crímenes (extorsión, lavado de dinero, prostitución, pornografía, etc.), y la presencia de estas organizaciones en el comercio legítimo, como lo son los casinos y los bienes raíces. El crimen organizado ha incrementado notablemente la violencia de la que requiere huir el ciudadano promedio, deseoso de ganarse la vida para él y su familia de manera honrada.
  • El poder de los medios de comunicación (cine, televisión, radio, revistas, periódicos, etc.). Nos invadieron de imágenes de EUA con casas abiertas y jardines verdes al frente, además del mobiliario por el que nos moríamos de envidia (refrigeradores, estufas, lavadoras, etc.). Llegaron la música y los bailes modernos, cosméticos, ropa, artículos de oficina, actitudes desenvueltas de actores “americanos” que nos visitaban. Vimos con admiración el trato desparpajado e irrespetuoso hacia los padres y gente mayor. Deseamos su bi- partidismo y democracia. Y hasta Disneylandia y Santa Claus, (que a los chilangos nos los recetó Sears Roebuck en la esquina de San Luis Potosí e Insurgentes, en risotadas a todos volumen que se escuchan a varias cuadras de distancia) nos agringaron. Aquí le paro pues el listado es interminable.
  • El arribo de la revolución y liberación sexual que se inicia en los EUA, lo que atrae a jóvenes de ciudades y poblados al Sur.

Por razones de espacio, es imposible aludir a otras razones, aunque me parece que las anteriores son fundamentales y suficientes para repasar los motivos del cambio de los 40’s y 50’s a lo que sucede en la actualidad.

Este no es un listado de culpas. Lo es de razones por la que los mexicanos han migrado al norte, lo que ahora incluye a los centroamericanos y ya empieza a ser copiado por otros países lejanos. La lista no está hecha en grado de importancia. Son causas que suman unas a las otras y en diferentes épocas.

Cerremos al concluir que si América fuera para los americanos, deberíamos de estar incluidos en la fiesta. No se vale que haya “americanos de primera” y “americanos de segunda”. EUA se apropió el gentilicio que a todos en este continente nos corresponde, al grado que lo usual es que ellos lo usen para aludir exclusivamente a ellos, como también se hace en Europa y en otras partes del mundo. A nosotros nos identifican como latinoamericanos, no como americanos.

EUA debería haberse llamado “Estados Unidos del Norte”, lo que seguramente no sería aceptable para Canadá, pero lo cierto es que son muy pocos canadienses e inuits afectados, en comparación con nosotros. También podrían haber escogido otro nombre que no fuera imperialista por un lado y no aplicable por el otro. Digo “imperialista”, porque de nacimiento decidieron abarcar todos los países de “América”, aunque luego se echaron para atrás, sin cambiarse el nombre. Habrá que meditar cual nombre sería bueno y proponérselos. Pedir no cuesta. Actualmente, si se desea ser “americano” hay que residir legal o ilegalmente en los EUA. Es una contradicción, pero no hay de otra, a pesar de que todos en este continente somos “americanos”.

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