| Ignacio Gómez-Palacio

LA OLA, LA ESPUMA Y EL DESASTRE

Trump es la ola que azota con diferentes intensidades pero con frecuencia sorprendente, al punto de que nos preguntamos si descansa por la noche. AMLO es la espuma que flota a placer y gusto de la ola. Lo sigue. Lo acompaña y al retraerse esta para volver a tomar vuelo,  termina el trabajo al que lo lleva la ola que lo gobierna. Son dos y es uno. Es un vaivén que dia con dia, mañana con mañana azota nuestra playa y nos pulveriza en arenitas que seca el inclemente sol. 

Frente a nuestros ojos está surgiendo el inimaginable binomio de una ola y su espuma que de lejos se entienden, ya que no sólo se mueven al parejo sino que ambos juegan con sus actitudes impredecibles pero cuidadosa de uno y el otro, lo que con frecuencia se traduce en halagos y frases de cortesía de esa “espumita” tan linda que se porta bien y esa “olita” que no queremos ofender “y que levanten la mano los que quieran que no nos enfrentemos”.

El problema a la vista, que puede aplastarnos a futuro, es el enorme poder que los sistemas presidencialistas de EUA y México otorgan al Presidente legítimamente electo y la ausencia de  la figura de “la moción de censura” al Ejecutivo, propia de los sistemas parlamentarios, donde no existe la separación tajante de los poderes legislativo y ejecutivo como se exige en nuestro sistema, el que además cae en la partidocracia debido al vínculo existente entre el partido político mayoritario y el ejecutivo.

Baste recordar las muchas actitudes y decisiones trumpianas que han sorprendido al mundo entero, sumadas a subir los aranceles a las importaciones mexicanas, si nosotros no llevamos a cabo actos que en su opinión y sólo en su opinión, son adecuados para detener el flujo migratorio a los EUA; y por otro lado las decisiones de López Obrador de detener la construcción del aeropuerto de la Ciudad de México a pesar del costo desmesurado que su decisión implica y construir una refinería fuera de época en Tabasco, en ambos casos, contrarios a lo aconsejado por los inversionistas y financieros involucrados y no involucrados. 

En otras palabras, que en el país se hace lo que el Presidente en funciones manda, así parezca más un berrinche o una venganza que una medida estudiada y con bases sólidas, sin que exista mayor recurso en México que el amparo para los directamente afectados, lo que dista mucho de la fuerza de la moción de censura propia de países parlamentaristas. Cabe anotar que 38 de los 50 estados soberanos de Europa y 10 estados soberanos del Caribe, así como otras antiguas colonias del lo que fue el imperio británico, siguen el sistema parlamentario. ¡Por algo será! Nosotros en toda América, desde principios del siglo XIX, hemos copiado el invento del sistema presidencial estadounidense, entre otras cosas, para distinguirnos por nuestra modernidad. Quizás ha llegado el tiempo de revisarlo. Un vasto número de dictadores han surgido para hacer evidente esa necesidad. 

El impeachment gringo y la revocación de mandato mexicana son opciones difíciles de adoptar. El estadounidense es más abierto, ya que puede ser declarado por una amplia gama de casos como traición, corrupción y otros delitos y ofensas mayores, tales como designación de funcionarios inapropiados para desempeñar cargos públicos, omitir perseguir delitos, desobedecer un mandato del poder legislativo y otros (artículo 4 de la Constitución de los EUA que textualmente los identifica como “treason, bribery or other high crimes and misdemeanors”).  En el caso mexicano, el Presidente “sólo podrá ser acusado por traición a la patria y delitos graves del orden común” (artículo 108 constitucional).

A lo anterior se debe sumar el hecho de que el mundo entero vive en un momento nuevo y extraño. Se ha perdido la brújula, al punto que  no se sabe donde está la izquierda y donde la derecha. Trump, en una actitud abiertamente conservadora y derechista apoya el nacionalismo a ultranza y cierra las puertas a los inmigrantes. AMLO el “izquierdista y anti conservador” lo acepta y le ayuda, al grado de destinar cuantiosos recursos públicos para ello. La ola y la espuma revientan al unísono sobre nuestras sorprendidas arenas.

Dos presidentes alocados, al norte y al sur, coordinados como olas con su espumita, pueden hacer daños inimaginables. EUA es el país más rico sobre la faz de la tierra, a lo que hay que sumar a México (hoy convertido en patio trasero de los gringos), el que no debemos nunca de hacer menos, ya que es un gran país con enormes riquezas naturales, agricultura e industria con capitales privados que compiten a nivel mundial y una vecindad envidiable y peligrosa.

Nos encontramos bajo la presidencia de dos egos con alta posibilidad de desbordamiento, que tienen en sus manos y furias el enorme poder que han recibido de los regímenes presidencialistas que los ha designado. Hoy se halagan uno al otro sin mayor acercamiento. Conviene que no se junten y continuar en calma chicha de un mar que en cualquier momento puede embravecer. He aquí el riesgo que se anuncia en el título de este artículo: la posibilidad de un desastre.

La próxima semana estaré de vacaciones, inmerso en el disfrute agridulce de mis nietos, por lo que dejaré de publicar hasta el martes 23 de julio próximo.

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