| Ignacio Gómez-Palacio

LA VERDAD (KRUSHTA)

[Inspirado en el Talmud]


La serpiente le mintió a Eva. Eva engañó a Adán. Adán le mintió a El Señor. Caín también le mintió. El género humano toma su origen en estos embustes y fechorías. 

Dios no tuvo contento en ello. Y en uno de los primeros poblados sobre la faz de la tierra, quizás el primero (aunque en esto no son claras las sagradas escrituras, ni los rollos del Mar Muerto), que se llamaba Krushta (que significa “verdad” en arameo), quiso corregir su obra y eliminar el albedrío que, sobre la verdad y la mentira, dispuso para beneficio del hombre y la mujer. Así vino a suceder que ahí nadie mentía, nadie moría antes de tiempo y todos eran infelices.

Esto sucedió décadas y décadas después de la expulsión del paraíso y la muerte de Abel, por las manos asesinas de su hermano Caín, lo que de nuevo provocó la ira divina.  Diose cuenta El Señor, que a ojos ciertos, se le había pasado la mano y deseaba rectificar. El hombre y la mujer eran y son su creación. Sabía que al uno le impuso la severidad de sudar para poder comer y a ella la sentencia del dolor para parir, y se dijo que era suficiente y que no deseaba su desdicha, por lo que debía enmendar su obra. Tomó cuenta de que la mentira es una necesidad humana. Fue entonces que envió a Krushta al Arcángel San Gabriel.

Éste se apareció entrada la mañana, dominante en el centro del mercado, iluminando el sitio con el resplandor que emanaba de su cuerpo, de su plumaje y su espada flamígera. Primero la gente lo confundió con un segundo sol. Un objeto que irradiaba un resplandor intenso y que al aproximarse provocó espanto al cubrir la boveda celeste. A una altura inimaginable se detuvo. Descendió paso a paso algunos escalones en el aire y con un vozarrón parecido al estruendo que avisora tormenta, desde el portento de su estatura, así dijo al pueblo reunido:

–EL SEÑOR ME HA MANDADO. USTEDES SON SU OBRA. ÉL LES HA DADO EL ALBEDRÍO: LA FACULTAD DE DECIDIR ENTRE EL VALLE O LA MONTAÑA. ENTRE LA COMPAÑÍA O LA SOLEDAD. ENTRE EL MAR O LA TIERRA FIRME. ENTRE SALAR O ENDULZAR EL CORDERO. ENTRE ALABARLO O ALEJARSE DE ÉL. PERO SABE QUE ESTO NO ES SUFICIENTE. SABE DE LA HIEL DE SU TRISTEZA Y HA DECIDIDO SUBLIMAR SU OBRA. POR ESO ME HA MANDADO. PARA ANUNCIALES QUE A PARTIR DE ESTE DIA SERÁN USTEDES PORTADORES DEL ALBEDRÍO PLENO: EL LIBRE ALBEDRÍO. CADA QUIEN DECIDIRÁ EL VALOR DE LAS COSAS. LO TENDRÁN QUE HACER DÍA CON DIA. POR MAÑANA, POR TARDE Y POR NOCHE. ESO HABRÁ DE DETERMINAR CUÁN LARGA O CORTA SERÁ SU VIDA TERRENAL. CADA UNO TENDRÁ CUERPO Y CARNE DURANTE UN TIEMPO DIFERENTE. CADA QUIEN SERÁ AHORA EL HACEDOR DE SU DESTINO.

La gente enmudecida de rodillas frente al poder del cielo, bajó la cabeza ante la Jerarquía. La garganta anudada por el susto de la presencia del Ser Superior. Él sacudió sus alas, provocando un viento mas intenso que el que silba en invierno entre peñascos. Techos de maderas sobrepuestas fueron arrancados. Ramas enteras de árboles de encinos prehistóricos revolotearon como pajitas. Olivos e higueras perdieron sus frutos. Las madres corrieron a abrazar a sus pequeños, angustiadas por la desgracia de verlos volar por los aires.

De la mirada de fuego del Arcángel San Gabriel surgieron miles de rayos de luz purísima. Unidos por su origen se concentraron en un haz fulmíneo que iluminó a la mujer mas fea de la comarca, que escondida como solía hacerlo, se encontraba en el rincón mas profundo del mercado. Cubría con un manto de lana burda la cara de cutis granuliento, la nariz tosca, los mocos sueltos por el temor y la intensidad del momento. Al saberse objeto de la luminaria que advertía la Ira Divina, se enconchó igual a un ciervo asustado y supo que moriría. Que moriría ahí mismo, arrodillada en el asqueroso sucucho donde acostumbraba agazaparse para disimular sus desfiguraciones  y puses.

La certeza de su sentencia y el espantoso silencio del Arcángel que no decía palabra y la ofendía con su luz cegadora, como quien encandila una bestia mansa antes de ejecutarla, provocaron que ésta se levantara y abriera sus pequeñeces de ojitos de puerco. Recibió la luz en pupilas que se esforzaban en dilatarse y para su sorpresa y regocijo, pudo afocar al Arcángel en su plenitud. Con voz clara que todos escucharon, a pesar de su tono inseguro, le dijo:

–Be…. bendito seas Enviado del Señor. Be…. bendita Tu presencia. Bendita Tu espada de fuego. Krushta te…. te bendice y te recibe. Loado seas, Siervo Supremo del Altísimo.

Esta fue la primera mentira que se escuchó en Krushta.

–ALABO TU TEMPLANZA -dijo San Gabriel-. LA DIVINIDAD ESTÁ HALAGADA. TU PALABRA ES TAN BELLA COMO TU ROSTRO.

Esta fue la segunda mentira.


Al extender las alas dio un paso en el aire y elevándose se perdió en el infinito.

Jarek, que así se llamaba la mujer, no tuvo duda. Las palabras provenían de La Divinidad y levantándose ante la vista del pueblo, se deshizo del manto que le servía para atajar la mirada de otros y caminó al saberse la mas hermosa, la mas deseada, los minúsculos pechos colgantes, el cuerpo desgarbado, los ojitos que ahora refejaban la picardía de nunca antes. Se supo admirada por los hombres que la deseaban y que por cientos se la disputaron.

Con el transcurso de los años y los siglos, la mentira retomó raigambre en la Tierra y de ahí en adelante muchos encontraron en ella y en el albedrío, que a partir de entonces sintieron mayor por ser libre albedrío, el camino a la felicidad o al menos un acercamiento. Otros, lo contrario, voraces a extremos que la historia de la humanidad ha capturado con indignación y desprecio, hicieron de la falsedad su guía y aliado. Éstos, aún pagan con dolores indescriptibles su osadía en las llamas eternas del Infierno.

Los primeros patriarcas y sabios teólogos, de la talla de Cainán, Henoc y el propio Matusalén, interpretaron que el “libre albedrío”, a pesar de ser dos palabras con igual significado, fueron unidas por La Divinidad, para darle realce a la dádiva del cielo. Dejaron asentado en la tradición verbal, que fueron aceptadas con gusto por los krushtenses. Esta es la razón por la que así se le conoce y se enseña de generación en generación. 

Al paso del tiempo los hombres y los poblados se multiplicaron. Tras el arribo de la mentira, surgió la hipocrecía que alaba al cliente, al jefe, al rico, al vecino, quienes antes se ofendían por el filo de la verdad. Esto ayudó a la paz.

Otros arribos, entre ellos la chapucería, el ocultamiento, el disimulo, el embuste, el engaño, el infundio, la exageración, la falsedad, la patraña y similares, fueron derivados de esa primera mentira que Jarek pronunció para que todos la oyeran y el Arcángel adulado hizo suya y superó con creces. Esas primeras mentiras que lo fueron lisas y llanas, posteriormente fueron catalogadas, por el pueblo que empezó a distinguir unas de otras, al utilizar colores y diversos adjetivos. Así nacieron las mentiras blancas, las mentiras piadosas, las mentiras sociales, las mentiras altruistas, las mentiras necesarias, las defensivas y muchas mas.

Así también vio la luz la cortesía (“a sus pies, señora”), el protocolo y la dilpomacia. El rufián y el político, que en tanto se parecen, hicieron de la mentira una cualidad e inventaron la astucia. Luego se sumaron finuras: como el chisme, el rumor, la leyenda urbana, la publicidad y los medios. Entrelazadas antes, durante o después de esta cascada de argucias, inventos y mentiras verdaderas, están la ficción, la poesía, la literatura y este relato.

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