| Ignacio Gómez-Palacio

Los fifís de AMLO

Fifí es una palabra que indica una idea desfavorable. Dice el Diccionario de la Real Academia que eso se define como una expresión “peyorativa”. Muchos se preguntan ¿soy fifi? En ello cometen un error, ya que al transmitir la palabra una idea desfavorable, debe entenderse que sería tanto como dudar sobre la posibilidad de aceptar una calificación que está a un paso del insulto. Inclusive, dependiendo del tono de la voz y las circunstancias, la palabra puede considerarse un agravio.

AMLO indica que existe una prensa fifí, empresarios fifí, intelectuales fifí, etc. ¿Qué quiere decir con ello? De inicio, que no son “pueblo”, aunque se trate de ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos y obligaciones. AMLO transmite la idea de que se distinguen por su capacidad económica, educación occidental, cultura, el color de la piel, etc., y en ello encuentra razones para excluirlos como “pueblo”.

“Pueblo” para nuestro Presidente, es el que lo espera en los muchos municipios que se ostenta haber pluri visitado y los observa contestar sus preguntas de ocasión a mano alzada. Quienes aparentemente están satisfechos con sus búsquedas de opinión dirigidas a ciertos grupos pre-seleccionados. Quienes ven en Él, así con mayúscula, la oportunidad de salir de la pobreza y la inseguridad, pero como bien conoce AMLO le exigen poco, con humildad y respeto tlatoanesco.

Polarizar a los mexicanos parece no preocuparle. Lo que le interesa son los números. Los números de votantes en las próximas elecciones intermedias que podrían re-encumbrarlo como el Rey del Poder Legislativo, lo que le permitiría preparar la legislación “a modo”, para las votaciones al término de su presente mandato de seis años. Conoce que a quienes él identifica como “pueblo”, son los mas y sabe que las urnas en la democracia, poco les importa la calidad. Lo que cuenta es la cantidad.

El problema que le crece y crece a López Obrador con sus maneras casuales, de ocasión, en caliente y de mañanita, es que lo van a alcanzar varios imponderables que hoy ni los ve, ni los oye, ni lo huele, ni los palpa, ni los degusta y menos aún los imagina: mofarse y patear a quienes invierten dinero, tiempo y esfuerzo en el país, los puede ahuyentar en cantidades relevantes, lo que impactará de manera negativa y considerable a la recaudación fiscal. No considera que el saber gastar o invertir atrae inversión; que saber gastar es mas difícil que saber ingresar; que en la medida que haga juicios de valor con bases sólidas y convincentes, la inversión privada será un grupo presente y pujante. Y lo contrario que muchas de sus decisiones ya tomadas, asoman la mente del resentido y colérico.

AMLO demuestra juicios localistas y pueblerinos que desconocen la historia y el comportamiento internacional de muchos líderes que han seguido sus pasos, con resultados desastrosos. Baste comparar las Coreas del Norte y del Sur, la calidad de vida y bienestar en Cuba y Venezuela, frente al poderío chino, que surge a partir de cuándo se apoya el desarrollo de la iniciativa privada, lo que también es el relato de Japón y otros países asiáticos, sin dejar de mencionar varios casos en nuestro continente. Debe entenderse que la inversión privada rebasa con mucho a la inversión pública y que la creatividad descansa en la primera, en tanto el letargo y la apatía son característicos de la burocracia.

Empezar el sexenio haciendo menos y burlándose del grupo donde descansa el mayor conocimiento y capacidad de emprendimiento (académicos, científicos, profesionistas, empresarios y similares) es arriesgar el futuro del país. Si lo que se intenta es evitar la crítica y la descalificación de las decisiones gubernamentales, las tres Marchas Contra AMLO, han demostrado lo contrario.

“Llevo toda una vida de trabajo y constancia para lograr lo que tengo con mucho orgullo y AMLO no vendrá a quitármelo. No soy fifí. Soy gente de trabajo.”, leía una pancarta de la última marcha que se distinguió por no tener acarreados pasando lista, cero grafitis y cohetones, llantas incendiadas, comercios vandalizados, camiones secuestrados, monumentos dañados y otra serie de chuladas propias de otros grupos.

Fue una Marcha Silenciosa que sólo se interrumpió con el grito de “México, México, México” y finalmente con la entonación del Himno Nacional AL TÉRMINO DE LA JORNADA. No hubo discursos, ni líderes aparentes. En gran medida fue La Marcha de la Dignidad y la Búsqueda de la Concordia.

Hola AMLO: guárdate tu palabrita “fifí”. México no la necesita. No nos dividas. Todos somos mexicanos, unidos en metas y destino.

Comentarios

  • Publicado por Roberto en

    EXACTO todo lo comparto.

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