| Ignacio Gómez-Palacio

LOS PASILLOS DE PALACIO NACIONAL

En la madrugada del lunes pasado, AMLO se levantó mas temprano que de costumbre. No podía dormir. Tenía que repetir en la mañanera su mil veces expresada postura de que a la violencia no se le puede combatir con violencia. Que su decisión de liberar al Chapito había sido para salvar vidas. Que era una decisión “sabia” y “humana”.

Salió al pasillo en pantuflas, bata, una chalina sobre los hombros y el deseo de estar solo. Un soldado de la Guardia Nacional se le acercó. ¿Le puedo ayudar en algo señor Presidente? No gracias. Sólo dame un vaso de agua.

El militar mantenía su jarra sobre una mesita. AMLO hizo un buche que escupió al patio central. Se liberó de un espumajo salivoso tempranero, atrapado en la boca de trapo con la que se levantaba. Voy a caminar. Le voy a dar la vuelta al cuadro. No te preocupes. Quiero estar solo. No prendas las luces. Sí, señor Presidente.

Al llegar a la esquina dobló con el gusto de saber que el soldado ya no lo veía. El run run en la cabeza le daba vueltas. Caminaba con la cabeza gacha por las innumerables críticas recibidas por ordenar la liberación del Chapito en Culiacán. Al levantar la vista distinguió la figura inconfundible de Benito Juárez que se le acercó hasta colocarse a unos metros de distancia:

¿Qué pasa contigo Andrés? La Patria se te escapa entre las manos.... entre decisiones ineptas y cobardes? Si sigues así, vas a acabar mal, muy mal. La delincuencia organizada representa igual o mayor peligro que los que yo resistí frente a los conservadores afrancesados, Maximiliano y Napoleón III. Ambos son grupos de antipatriotas armados que violan la ley y si no se les sanciona, la ley deja de ser ley. Sin pena la ley es nula. Yo tuve que defender a la República a balazos. El Estado cuenta con la fuerza de las armas que nunca dudé en usar frente a malhechores y enemigos. Autoridad sin fuerza no es autoridad. Carece de respeto y pronto se convierte en burla del pueblo.

Cuando vencimos al enemigo e hicimos prisionero a Maximiliano, personajes de todo el mundo me pidieron no fusilarlo. Se trataba del un ex Archiduque de Austria con derechos al trono, miembro de la realeza europea. La presión sobre mi persona fue nacional e internacional. Se le hizo un juicio sumario. Se le encontró culpable y se le condenó a la pena de muerte. Entonces recibí la súplica de indultarlo de Andrew Johnson Presidente de EUA, de la Reina Isabel II de España, de la Reina Victoria de Inglaterra y otros monarcas europeos y personajes conocidos mundialmente como Victor Hugo, el Barón Anton von Magnus, Giuseppe Garibaldi, William Seward, Secretario de Estado en los EUA y de gran cantidad de grupos, como las damas de San Luis Potosí que me visitaron, ya que ahí me encontraba; inclusive recibí la súplica del Papa Pío IX. Si no cedí en dejarlo libre y no usar la violencia como es la de matar, fue por la importancia que representa para el Estado legítimo hacerse valer.

¿Cuál fue el resultado? Que todo Estado e Imperio en el planeta dejó de considerar la posibilidad de invadir a nuestro país. ¿Cuál fue la solución? El uso de las balas y las armas. La violencia para reprimir la violencia. ¡No me decepciones Andrés! Si no puedes, busca una salida. Los ojos del mundo te observan. Pide que te declaren enfermo. Estas a tiempo de no ser considerado traidor y hasta de provocar una guerra civil. Miles de veces te he oído que me admiras. Si crees en lo que dices, lee mi historia.

AMLO se quedó de una pieza. Atrapado entre el valor que se requiere para enfrentar a la delincuencia y el valor que se requiere para abandonar la Presidencia de la República, no pronunció palabra. Con la garganta de piedra, se volvió como si hubiera visto un fantasma. Se introdujo a la sala anexa a su cuarto. Frente a un espejo de pie, se dijo lo mucho que amaba a este pueblo sabio, un pueblo feliz, feliz, feliz.

Un estruendo se oyó en la lejanía. Una explosión de alguna parte de la ciudad, con rumbo a la Delegación Gustavo Madero, donde se localizan varias gaseras, que se le había dicho eran un peligro para drones artillados.

Volvió la cara al cielo para invocar iluminación divina.

 

La Hormiga Arriera

La decisión de AMLO de rendir la plaza al crimen organizado ha abierto la caja de pandora y acarreará consecuencias impredecibles. Es de anticiparse que los maleantes ya se encuentran identificando hospitales, orfanatorios, casas de asilo, unidades habitacionales, escuelas e inclusive los domicilios de miembros de la familia AMLO y del gabinete, para ser utilizados como lo hicieron con las familias de los soldados en Culiacán y así poder presionar al gobierno a liberar al o los futuros aprendidos, (jefes narcos o segundos en el mando), con la ventaja a su favor, de que a quienes se utilicen para presionar al gobierno pueden localizarse en cualquier lugar del territorio nacional.

Si el gobierno de los EUA actuara como AMLO, el Chapo Guzmán podría ordenar el secuestro o colocación de explosivos en el domicilio de un funcionario prominente de dicho país, como sería el caso de un ministro de la Suprema Corte de Justicia en Washington y exigir su inmediata libertad, amenazando con matar a la persona o explotar el artefacto. ¿Podría hacer eso en un país de leyes? Por supuesto que no, el Chapo lo sabe y por eso no lo intenta. Igual lo saben los palestinos que no recurren a estos chantajes pirateando aviones israelíes. Los gobiernos de dichos países no aceptan tales condiciones y resuelven con o sin violencia, a pesar de arriesgar la integridad física del o los secuestrado, lo que ha sucedido desde hace décadas. Es el mismo caso de muchos países y eventos en la historia. No hay nada nuevo bajo el sol.

Pero en México, sí lo permitimos. El primer antecedente surge en el caso de otro funcionario público inepto: Luis Echeverría, a quien siendo Presidente en funciones, en septiembre de 1971, el Frente Urbano Zapatista le secuestró a Julio Hirschfeld Almada, entonces Director General de Aeropuertos y Servicios Auxiliares. Nuestro Presidente cometió el mismo error de AMLO: pagó el rescate (3 millones de pesos). Desde entonces, el secuestro se ha convertido en fuente fácil de ingresos y por ende deporte nacional.

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