| Ignacio Gómez-Palacio

¡ME GANÉ LA RIFA DEL AVIÓN!

 

 

 

 

 

Compadre te ando busca y busca como loco. Quiero que me ayudes ¡Me gané la rifa del avión! Yo que ando todo el dia en chinga, pa’ riba y pa’ bajo con mi taxi y ora, mira lo que me sucede. ¿Qué voy a hacer? ¡Ayúdame! Tú fuiste cajero en un banco y le sabes bien a esto de los dineros. El cachito me lo encajó el que vende la lotería en el semáforo del sitio. Andaba algo sobrado de lana y que se lo compro. Luego quise revenderlo, pero no encontré otro pendejo como yo. Y ya ves, fue el bueno. Pero ora ¿qué hago con el pinche avionsote?

Al ganador de la rifa le apodaban El Pajarito. Por chaparro, nalgón, con una narizota que nadie supo de donde la fue a sacar y manera lentas, el profesor de biología de la secundaria le dijo que se parecía al Pájaro Dodo y se le quedó, aunque corregido por lástima que le tuvieron sus amigos.

El Pajarito permanecía soltero a sus 54. Cuando al fin le contestó el compadre su celular, quedaron en verse de inmediato en El Jardín Balbuena. El nervioso ganador, no quería que alguien escuchara la conversación, aunque lo normal era verse por la tarde en el bar de siempre: El Lecho Ajeno. Cálmate compa. El problema no es problema. Es un notición de poca. Pero dime ¿Dónde está el cachito de la lotería? ¿Ya lo checaste bien? Mientras el sol fragoroso de humos citadinos luchaba por posarse en las hojas nuevas de primavera que enverdecían el parque.

Mira compa lo he visto y revisado cien veces. Lo tengo dentro de un librito que sólo yo se donde está. Te digo que me saqué la puta lotería. Te juro por esta que me la saqué. Con decirte que llevo dos horas con un chorrillo de a peso, que no me aguanto. Pero no te encontraba y como vivo solo, pos quería decírtelo a ti porque sé que me vas a dar buenos consejos. Tú eres mi mero carnal. Mas que mis carnales de a devis. Y la verdá, entiendes mas de esto que yo.

Ya te dije que tú problema no es problema. Eso sí, te vas a hacer famoso. Como dijo López Obrador, te vas a ganar fama y la fama llama. Quien sabe si esto te va a beneficiar, a perjudicar o todo lo contrario, pero vas a tener mucha marmaja, sobre todo cuando lo vendas, aunque creo que el gobierno ofreció dentro del premio un año de operación gratis.

Si tú así lo ves, pues que a toda madre, pero antes de venderlo, hay que celebrar. Voy que nos vamos con la palomilla del póker a Las Vegas, ¡qué chingaos! Los boletos del avión no nos cuestan y lo del hotel a lo mejor me alcanza y yo lo pago, ¡qué carajos! Le pedimos un adelanto a don Chente.

Traite también a los cuates del dominó, le dijo el amigo. No compa, el dominó lo jugamos en la cantina y somos un chingo. Muchos se van a querer apuntar y si no me los llevo, me van a mentar todito lo que me queda de madre. Con los del póker en casa del Lencho, nos damos una pinche juerga de tres noches y nos regresamos casi cadáveres.

Eso es pensar, mi Pajarito. Hay de donde. Tú pones la lana para apostar. Hay de sobra. Y después, carajo, tenemos un año para mas desmadre. Imagínate, ¡un pinche año! Lo que no vamos a hacer con el puto avión. Voy que nos vamos a Cuba. Dicen que hay unos culitos que no te los acabas. De ahí la agarramos para Brasil y las mulatas. ¡Ah jijos! ¿Cómo la ves, compa? Vamos a pedirle prestado a don Chente, mientras vendes el avión, que va a tomar tiempo, sobre todo si lo gozamos un año por todo el pinche mundo. Voy que le sacamos un interés bajo. Él presta al diez, pero le podemos sacar el cinco por ciento semanal, pos la paga está asegurada. Lo primero es que no te vayan a jugar chueco los de la lotería, le dijo al invitarlo a sentarse en una banca desocupada. Con los del gobierno nunca sabes. Tenemos que hacer un buen plan. Si les llegamos con el cachito ganador en bola, se les va a hacer difícil jodernos. Como quiera que sea, ganó La Colonia Balbuena. Puro chilango ¡de a diez! Necesitamos llegar mas de doscientos. Antes, hay que decirles a los de la televisión. Nos conseguimos un camión grande de redilas y subimos a la tambora de nuestro cuate El Sinaloas. Que se consiga mas músicos, porque hay que llegar con harto ruido, tocando La Cuichi y otras que suenen fuerte.

¡Ese es mi compa! ¿Ya ves por qué quise hablar contigo antes? Eres canijo y abusado de a madres. Yo no puedo pensar. Traigo la cabeza rete caliente.

Se me ocurre que no lleves el original del cachito. No vaya a ser. Le sacamos una copia, la ponemos en una mica y con eso llegamos. Mientras, hay que guardar bien el original. Ya que se haga noticia, pues lo lucimos y a recibir el puto avión. Tú sácale la copia. Guarda el original en un lugar seguro, pero que no sea en tu apartamento o nos chingan… digo te chingan. “Nos” compa, “nos chingan”, porque esta nos la vamos a echar juntos. ¿O qué, me vas a dejar sólo? Claro que no, compa. Yo voy a estar ayudándote en todo. Claro, si no me chispas. ¿Cómo crees compa? No lo creo, pero uno nunca sabe, aunque todavía no creo que te hayas sacado el avión. ¿Seguro revisaste bien el numerito?

Oh…. ¡pues! Tranquilo compa. Pos ni que fuera tan pendejo. A veces me hago el Pájaro Dodo, pero no soy. Si fuera pendejo, no hubiera comprado el cachito ganador.

Eso sí.

¿Tú crees que me lo va a entregar el mismísimo Peje Presidente?

La plática entre los compadres se dio el jueves 7 de mayo de 2020. El gobierno dispuso que la rifa se hiciera en el edificio de La Lotería Nacional, a las 8 de la noche del martes 5, cuando se celebra la Batalla de Puebla. El Pajarito no supo la noticia hasta la mañana del jueves. El miércoles, regresó a su departamento a las seis y media de la tarde, seguido de una jornada ajetreada por el tráfico de manifestaciones de maestros y se le olvidó checar su suerte. En el radio escuchó repetidas veces el número ganador y lo apuntó para revisarlo cuando llegara a descansar. El jueves antes de salir a chambear, fue cuando se le cayeron los calzones.

Como a las dos de la tarde del mismo jueves, llegaron al edificio de La Lotería Nacional con la tambora, en compañía de mas de mil balbuenos, matracas, porras, banderas mexicanas, serpentinas, confeti y hasta cartulinas con la foto del Pájaro Dodo. Las cámaras de televisión no desperdiciaron instantes del júbilo popular. ¡Viva AMLO! ¡Viva El Peje! ¡Viva La Balbuena, cabrones! ¡Viva México! ¡Viva el puto avión!

El taxista suertudo, tuvo que regresar ese mismo jueves a casa de su hermana donde había dejado la novelita destartalada de Los Náufragos de Liguria, de Salgari, escondida atrás de un librero de su cuñado, que presumía saberse la historia del futbol en México al dedillo y coleccionaba todo cuanto se encontraba sobre el tema. Ahí estaba el libro con sus náufragos apretando el billetito ganador, mismo que entregó en la caja de La Lotería Nacional frente a los medios, que antes sacaron fotos y videos de papelito que le daba el derecho a la aeronave de lujo, José María Morelos y Pavón, con capacidad para 80 pasajeros sentados con toda comodidad, cabina personalizada con cama matrimonial, amplio comedor y sala de conferencias, entre otras chuladas. Varios días pasaron para satisfacer al fisco con derecho a cobrar el impuesto correspondiente. El Pajarito no tenía otra cosa que un Tsuru destartalado. Finalmente se firmó un convenio con el SAT, conforme al cual se estableció hipoteca del avión, para garantizar el pago del adeudo, a cubrirse cuando se vendiera.

La salida a Las Vegas, así como la llegada, fue un acontecimiento de agasajo para la sátira periodística mundial, en especial por lo que se anticipaba con motivo de las declaraciones del Pajarito, al recibir el premio el sábado 9 de manos del mismísimo Jefe de Gobierno. Para entonces era un ser transformado. Caminaba con bombín, jeans de marca, camisa chillante, puros en la mano y la seguridad de gran señor y procederes inconcebibles para quien apenas unos días atrás manejaba un Tsuru. El nuevo vestir de colores fuertes, corte de pelo moderno y zapatos de tacón, le levantaron lo Dodo. Con la prensa rodeándolo aseveró antes de partir: Ya revisé el avión por dentro y la verdá es que me parece chiquito. Yo creí que tendría una canchita al menos para distraernos con una cáscara, de pérdida diez camas, sala de póker, pero nada de eso. En fin, que como se dice: ¡regaladas hasta puñaladas, ja ja ja! Esto es lo que me gané y pos, no hay tos. Pa que no haiga problemas con la familia, invité a mis 43 sobrinos y sus quince papases y mamases. Nos vamos a ir a Las Vegas. Nunca me he trepado a un avión, así que se va a poner bueno. Bueno y canijo. Ójala y no se caiga. ¡Ai les vamos cabrones gringos! Así como les gusta. Con mucha lana. Muchos dólares. Y por arriba del Río Bravo. Nadie va a pasar a nado. Llegaremos como meros jefes y campeones.

Al conocer la noticia de su deseo de ir a Las Vegas, el Cesar Palace le ofreció una suite especial gratis de dos pisos en la Julius Tower y suites enormes en la misma torre para sus parientes e invitados, con descuentos especiales. Las visas se las tramitaron empleados del hotel en la embajada de EUA en la Ciudad de México, mismos que los recibieron en el aeropuerto McCarran con espanta suegras, piñatas, serpentinas y mariachis, que lo acompañaron durante los cinco días que duró la juerga. Donde hay dinero, baila el perro. Hubo de todo: la primera noche se metieron unos sobrinos con unas sobrinas en una suite y los agarraron en medio de la cachundiza, la segunda dos amigos del póker se encerraron con dos de las mamases, el tercero fue el mismo Pajarito que salió con un ojo morado por un cuñado celoso. Se presentaron trancazos con sangre, alfombras vomitadas y otros aconteceres que se dejan a la imaginación de nosotros ardidos co-nacionales que no nos sacamos el premio. También se sumaron toallas, sábanas y cobertores desaparecidos, escándalos al por mayor y en general excitaciones desbordadas. Los ¡viva México cabrones! no faltaron, igual que los que se vistieron todos los días y noches de charro, sombrero, botas y cinto de pita.

Al final, se quedaron a deber cuatrocientos mil dólares, pues don Chente no llegaba tan lejos. El Peje ordenó que se pagaran con dineros del erario, a ser cobrados contra un pagaré que firmó el ya famoso ganador del avión presidencial, cuando lo vendiera, quien aceptó una entrevista en Las Vegas con la Revista Hola, que lo hizo pedazos por “estrafalario, relumbrón e ignorante”. En una de las mañaneras le preguntaron al Presidente si no le daba vergüenza la conducta del ganador y su familia en la ciudad del vicio y los casinos. Como es su costumbre, se tardó en contestar: Jamás me ha avergonzado…. jamás…. la conducta de mi pueblo…. así somos… pésele a quien le pese…. el pueblo es sabio….

A los cuantos días de su regreso de Las Vegas, señoras-madres-mamacitas, aseguraron que algunos hijos eran del ganador. Aconsejado por su compadre, prefirió darles lo que pedían y así evitar el juicio, ya que con la emoción del momento, poco se acordaba de cuándo y dónde había irrumpido su semen ardiente con tamaña puntería.

El avión regresó con la tapicería manchada y en partes cortada con cuchillo, (que se cree el puto del Pájaro, que le voy a dejar su avioncito como nuevo. El canijo se cree mucho. ¿Han visto como se le subió?). Pero eso sí, lo bailado, pasó a ser historia y recuerdo de quienes integraron el grupo que un periódico de gran circulación identificó como la familia Borolas.

Las entrevistas con los medios duraron veinte días mas, aunque algunos volvieron a sacar notas infrecuentes sobre quien llamaron El Lindberg de la Balbuena. Al final del año de la juerga, que llevó al avión por sud y centro América y nunca a otro continente, el producto de la venta en parte, se fue para pagarle a don Chente y sus socios los préstamos que mantuvieron al grupo de fiesteros a lo largo de los 365 días y torrentosas noches. Varios de ellos se la pasaron en sanatorios y hospitales recuperándose de los desmadres, agasajos, convites, homenajes, recepciones, obsequios y despapaches que buscaron con sed de desquite de una vida de balbueneros. Otros pasaron a mejor vida, aunque el ganador y su compadre sobrevivieron la prueba del año. Hoy disfrutan de un pent house en Miami, donde son atendidos por personal médico capacitado.

El Pajarito está en espera de lograr compatibilidad con un donador de hígado, en tanto que su amigo del alma se ha aficionado, de a todo el dia, a Netflix y cerveza fina de barril, después de divorciarse sin problema, ya que su cuate le pagó a la ex esposa, de lo contrario El Pajarito se la hubiera tenido que pasar solito con su dinero o con amigos nuevos que clarito se dio cuenta que querían aprovecharse de su dinero. El Pájaro Dodo resultó que algo tenía de águila.

El suertudo ganador, por poco se gasta de antemano los 105 millones de dólares que un jeque árabe le depositó en un banco de EUA, al final del año de prueba y agasajo. Después de pagar sus deudas, le quedaron 30. Ahora está en tratos con una casa editorial que le ha pedido que escriba un libro que se llame “Yo me gané el Avión”. Le dijeron que un escritor de la misma casa lo va a ayudar. Anda animándose, pero cuando se ve en el espejo y observa su semblante cenizo, se le apachurra el corazón y sólo quiere conseguir un nuevo hígado compatible. Ya lleva tres donadores y ninguno ha llenado el requisito. Si alguien sabe de quien quiera donar, avísenle al Pajarito. Paga bien. Su correo: [email protected]

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