| Ignacio Gómez-Palacio

Miedo al miedo

Un viejo dicho mexicano dice que “el miedo no anda en burro” ¿Te has preguntado por qué el miedo no anda en burro? ¡Porque el miedo corre mas rápido que la lumbre! Corre a la velocidad de las comunicaciones digitales cuando existen y cuando no. Toma segundos para sentirse en China y en los mercados internacionales. ¿Cuándo sucede? ¿Cuando se convierte en miedo grave? Cuando se generaliza y se convierte en epidemia. Sí, así es, una epidemia de miedo.

¿Sabrá AMLO el riesgo que corre el país y sus habitantes cada vez que da información falsa o de plano miente? ¿Cada vez que se equivoca y no corrige? ¿Cada vez que el Presidente de este enorme y rico país da información errónea o con intenciones políticas alejadas del beneficio económico que tanto requieren los mexicanos, sobre todo el sector mas necesitado? Sucede que agita y angustia a la gente que lee y/o ve las noticias, que escucha sus mañaneras, que tiene a este país como su casa y no lo quiere cambiar. Personas que lo mismo son ciudadanos mexicanos que inversionistas extranjeros que han ligado su trabajo, empresas, capital y esfuerzos en general a México. Personas que ya lo son o son candidatos a ser parte de una ansiedad generalizada.

¿Puede existir una epidemia de miedo? Por supuesto que sí. Un ejemplo es la gripe aviar H5N1 de 2005, que se inició en Tailandia, Vietnam y Cambodia y se propagó por China, Siberia, Mongolia y Kazakhastán lo que provocó una epidemia de miedo, que hizo recordar el terrible antecedente de la pandemia de 1918 a la que se le atribuyeron en su momento, la muerte de 50 millones de personas. El antecedente de 1918 fue toral en la ansiedad que afortunadamente no llegó a mayores, pero que causó pánico.

En México, igualmente tenemos precedentes nefastos: las crisis se han sucedido una tras otra durante los últimos 50 años, por ejemplo con la inflación y las continuas devaluaciones de nuestra moneda, que no hace mucho obligó al gobierno a eliminar tres ceros: lo que llegó a costar $1,000, de un día para otro, se podía adquirir en un $1 de lo que se les denominaron los “nuevos pesos”.

A lo anterior mención de precedentes nefastos, actualmente le sumamos decisiones gubernamentales tales como el cierre de la obra del aeropuerto de Texcoco, los despidos masivos, los recortes en servicios de salud, alberges para mujeres, medio ambiente, órganos autónomos, ciencia, comedores populares, organizaciones de la sociedad civil, estancias infantiles y pensiones, los que son hechos que inquietan a la población. Se puede añadir las varias versiones del Plan de Desarrollo y sus textos conflictivos; y el retiro de Dos Bocas de varias empresas, por lo exiguo del presupuesto y el tiempo asignado, añadido a la decisión de designar a Pemex (que desde hace mas de 40 años no construye una refinería), como la empresa responsable de su ejecución. Todo ello y mas indica falta profesionalismo, seriedad y manejo de la cosa pública, lo que ha provocado que el grado de inversión del país esté en riesgo y se hayan incrementado los intereses para servir la deuda del Estado e inclusive de la iniciativa privada.

Con el entorno nacional lleno de estas “lumbritas”, imaginemos lo que sucedería frente a una nueva e importante devaluación. Los jóvenes volverían la vista a sus mayores con cara de ¿qué hago?, en busca de quienes los puedan iluminar por su experiencia pasada, como ocurrió recientemente en Asia con la gripe aviar H5N1, que volvió los ojos al pasado para encontrar los cadáveres de 1918. Los ciudadanos no queremos tener miedo y sin embargo ya se siente su presencia, lo que nos puede llevar a una epidemia de miedo, que en estos momentos es tan sólo un miedo al miedo, sobre todo a un miedo colectivo, pero que ya está causando estragos con la reducción del empleo, la inversión, la reacción de las calificadoras internacionales e inclusive con la disminución de la popularidad de AMLO. Su vamos “requetebién” no convence a todos, sobre todo al grupo de los informados.

Sentenciaba Bernard Shaw que “el miedo puede llevar a los hombres a cualquier extremo”. Existe el miedo irracional provocado por la imaginación, lo que no es el caso. Dada las “lumbritas” a las que nos hemos referido, hoy el miedo es al miedo, aunque estamos cerca de que este miedo se convierta en un miedo real. El siguiente paso es que ese miedo real se convierta en colectivo. Este es el riesgo que aparentemente no está tomando en cuenta AMLO, y que puede constituir una amenaza real con resultados imposibles de prever para el país en su integridad, lo que incluye a sus habitantes y al gobierno. Hoy, dos de cada tres mexicanos apoyan a AMLO, pero ese apoyo está disminuyendo. En la medida en que las “lumbritas” se multipliquen, los errores no se reconozcan y no se rectifique con sabiduría y humildad, el riesgo de un miedo descontrolado y colectivo, diría B. Shaw, puede llevar a los hombres a cualquier extremo y arrastrar al país a la barranca.

¿Eso queremos, estimado AMLO?

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