| Ignacio Gómez-Palacio

Migración: ¿Delito o Derecho Humano?

 

Hoy nos encontramos ante el choque de dos principios básicos: la soberanía de los Estados por un lado y el reconocimiento creciente de los derechos fundamentales del hombre, por el otro. ¿Cuál es de mayor jerarquía? ¿Cuál debe prevalecer?

El reconocimiento de los derechos del hombre parte de La Revolución Francesa (La Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos de 1789), lo que se confirma de manera dramática al terminar la Segunda Guerra Mundial (en La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948), que establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Lo anterior es inobjetable, pero resulta que un elemento fundamental de todo Estado es su territorio. Sus gobernantes están obligados por ley a conservarlo y protegerlo de invasiones del exterior. Israel no fue Estado, hasta que logró establecerse en un territorio. Antes era un pueblo errante (como hasta la fecha existen varios). Hoy defiende con celo la entrada a su territorio. Lleva décadas de hacerlo. Es conducta que antecede al fenómeno migratorio actual. De no hacerlo perderían su calidad de Estado de Israel y regresarían a la diáspora total que los venía y aún sigue caracterizando a parte del pueblo judío.

Cada mañana de nuestra época, los países ricos están a la defensa de su territorio, de igual manera que las casas de los ricos y sus bardas y policías defienden la entrada del proletariado de las colonias populares. Es un micro mundo similar a lo macro que sucede en el mundo entero.

Una buena parte de los ingresos de los ricos lo constituyen las películas, series televisivas, revistas, modas, alimentos, carros, aviones, viajes, etc., que les restriegan en la cara a los pobres que los ven con ambición de parecerles. A lo anterior debe sumarse la precariedad de una existencia, víctimas de hambre, miedo, persecución política, inseguridad e insalubridad personal y de sus familias; así como de gobernantes corruptos que acumulan y gastan sus fortunas en los países ricos, en tanto protegen a los delincuentes organizados que cometen tropelías con impunidad.

¿Qué salida tiene el padre o madre de familia sino huir en busca de paz y oportunidades? ¿Cómo decirle que es nacional de otro país, que está casado con ese territorio donde nació e inclusive regresarlo donde lo espera el hambre, el peligro y la muerte?

Tomemos conciencia de que estamos frente a un choque de trenes que habrá de cambiar el mundo en el que hoy vivimos.

El próximo miércoles mi comentario se titulará: Los jeroglíficos de las redes sociales, ¿Avance o retroceso?

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