| Ignacio Gómez-Palacio

¿NO QUÉ NO PAGARÍAMOS EL MURO?

San Francisco (AMLO) le ordenó al Santo Niño de Atocha (Marcelo Ebrad): “regálale 30 millones de dólares a San Salvador, que donde come uno, comen dos y hasta un millón”, lógica ilógica propia de las caricaturas y el amor, donde lo coherente resulta enemigo de lo racional y prevalece el juicio irreflexivo sobre el sentido común. Un galimatías, pues. El Santo Niño le untó esa mirada bondadosa y de admiración, indispensable para continuar dentro del gabinete. La mirada traía tacto, por eso la pudo untar y con ello le recordó haber cumplido en el norte una misión, que a San Panchito le parecía imposible. En lo profundo de la pupila, El Santo Niño intentó esconder sus sueños con la silla presidencial, sólo que en esto, su protector le ganaba en suelas y ya se lo había derrotado una vez. Al contestarle la mirada le enseñó la fuerza de la sangre en un hijo morenazo.

La migración de centroamericanos a México, con destino a EUA, se había convertido en un dolor de cabeza para San Francisco, ya que había abierto la puerta a las agresiones del Presidente Trump. El santo de los pajaritos y los animalitos le explicó al Santo Niño que tenía una solución única en el mundo, propia de su brillante inteligencia: “Tenemo que demostrar … que hay otra vía… de enfrentar el fenómeno migratorio, que podríamos llamar la “vía mexicana”, que consiste en atender las causas… que originan el fenómeno, no apostar sólo al uso de la fuerza, a medidas coercitivas, sino dar opciones a la gente para que puedan trabajar y ser felices en donde nacieron… y por eso aceptamos el desafío.

Estamos trabajando para demostrar a todos… en el mundo entero, que se puede atender el fenómeno migratorio si hay desarrollo, si hay empleo, si hay bienestar.”

El Santo Niño de Atocha es un inexperto en estos temas internacionales, pues claro, es un niño y por ello sintió como la boca se le llenaba de miel, de la bondad épica de San Francisco y se contuvo para caer de rodillas ante el santo varón.

Al dia siguiente, ante el micrófono, con los ojos puestos en el inmenso porvenir quesabe que pronto podrá paladear, la cabellera azotada por el viento ardiente y abrazador del trópico, El Santo Niño de Atocha, frente al Presidente de El Salvador y San Francisco, soltó de su frágil pecho, que México le entregaría al Presidente de San Salvador, cuando él lo decida, 30 millones de dólares: “vamos a dar esa cooperación sin condiciones, ni políticas, ni económicas, ni financieras, porque somos pueblos hermanos…. Es un ejemplo para otras partes del mundo para enfrentar los flujos migratorios.” Remató: “aquí esta una vela que se prende hoy y que va a iluminar a todo el mundo”.

Los lobos de Washington, que ya conocían del viaje relámpago del Santo Niño a Nueva York y su entrevista con el Secretario General de la ONU, para informarle de la generosidad mexicana, se relamieron los colmillos sorprendidos por la candidez propia del santo chamaco y festejaron su inocencia de continuar pagando el costo del muro, que ya se había iniciado con el envío de 6,000 miembros de la Guardia Nacional a la frontera sur, otros a la frontera norte, además del apoyo de numerosos miembros de la Policía Federal y los costos del mantenimiento de migrantes rechazados temporal o permanentemente de tierras estadounidenses.

“Hey Johnny, dijo un senador republicano de aciaga memoria: “mas les hubiera valido haber edificado el muro. Era un gasto fuerte pero de una sola vez. Su custodia y mantenimiento la tendríamos que haber absorbido nosotros, mientras que el “negocio” de cuidar fronteras y regalar dinero no se lo van a acabar nunca”.

“¿Ya conoce el Presidente Trump lo del regalito de 30 millones “sin condiciones”?

“Creo que no. El santo Niño lo acaba de decir,”

“Pido decírselo primero. Ya ves como le gustan las buenas noticias”

Por la tarde, en el avión de regreso a la CDMX, El Santo Niño de Atocha platicaba con uno de sus subalternos, como México le estaba enseñando al mundo la bondad y el amor al prójimo: “Pronto nos admirarán. Ya imagino los diarios en París a los que me acostumbré durante mi reciente estancia, los periódicos y revistas londinenses, alabando la postura mexicana al subrayar mi intervención. Empezamos a cambiar el mundo y sus reglas. La bondad y la actitud de buen vecino prevalecerán. Estamos en el momento de rehacer la historia” y una lágrima emocionada escurrió por la tersura de su rostro.

En las profundidades del averno, los diablos, en compañía de renombrados políticos y diplomáticos del pasado, apagaban el estruendo del horno con sus risotadas.

“Oh my good God! Que a Marcelo y su patrón les pongan pantaloncitos cortos de niños bien, de niños fifi, jaja, a ver como se les ven en sus piernas peluditas”, dijo un panzón calvo que ni por estar en el infierno dejaba de fumar puro tras puro. El grupo entero volvió a reir. Uno se cayó de la silla, imposibilitado de contenerse. “Tranquilo Fidel, tranquilo”, dijo alguien,,,,, “e que hacía mucho que no ecuchaba tanta inocentada juntas y tan caras, ja ja ja ja. Nunca creí ver a un Presidente de San Salvador chamaquear, como dicen en México, a un Presidente mexicano. Cuándo se acaben los 30 millones dentro de poco tiempo, ¿qué va a hacer San Francisco? ¿Buscarlos en las bolsas de los burócratas salvadoreños? Mira tú chico, que meter la bondad franciscana en las relaciones entre países soberanos y entregarla sin condiciones, eso es lo que llamo la inocentada del siglo… y eso chico, que apenas comienza. No se da  pasado una aplanadora y si sigue igual, se la van a volver a pasar. Ya lo agarraron por el norte los gringos y por el sur los centroamericanos, empezando con San Salvador. Honduras le va a pedir 50 millones, Guatemala 100, cada vez que se les ocurra. Va a ser el cuento de nunca acabar. No se ha dado cuenta de que es México. Si yo hice lo que hice con una isla chiquitica en comparación, ¡imagínate lo que se pue hacer con ese paisote, hermano! Un país que tiene miles de kilómetros de frontera terrestre. Chico, es impensable que este doblando las manitas y a punto de caer de rodillas.”

Tomó la palabra un famoso dictador africano de apellido Amin: “Los 30 millones es el pago del secuestro que San Salvador le ha hecho a México y no le están devolviendo nada a cambio. Ese paisito es un barril sin fondo y claro sus pequeños vecinos aprenderán la lección. ¡O nos pagas o para allá vamos! Qué buena idea para extorsionar al vecino con dólares. Lástima que a mi no se me ocurrió. ¡Hubiera ganado mucho dinero!

“Mientras, los gringos como el chinito, nomás milando”, dijo el argentino Videla.… “Y así se van a quedar hasta que los mexicanos acaben de pagar el muro”, remató un viejo general afgano: “yo se como piensan los americanos, y Trump es el mas canijo de todos.”


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