| Ignacio Gómez-Palacio

¿Puede superarse el resentimiento?

Cuando nos referimos al resentimiento, pensamos en las relaciones que nos son cercanas: las de pareja, la de padres e hijos, de quien puede estar resentido con tíos, abuelos o amigos. Cuando el resentimiento se da en una figura pública que durante años se ha sentido víctima de diversos sectores de la sociedad, esa acumulación de sentimientos negativos puede acarrear serias consecuencias al país, pues sus decisiones pueden tomarse con base en raíces enterradas en el rencor, el ánimo de venganza y la tristeza interior que conllevan.

El resentido que no perdona, anda por la vida con un dolor consecuencia de hechos que le sucedieron que no quiere borrar. El resentido crea una realidad inexistente. Vive con una herida abierta que cree que sanará con el desquite. Como se dice, “las mastica y las está guardando”. El resentimiento de una persona inteligente es una fuente donde abreva hasta llegar a la meta desde la que podrá actuar sin riesgo. Sabe que le tomará tiempo arribar a la posición de poder y autoridad que requiere para desquitarse, pero lo importante, se dice, es no olvidar.

¿Es factible que pueda superarse ese ánimo de desquite? Depende de la persona y su necesidad de reconocer el perjuicio que su resentimiento causa en él y en otros. Como dice una canción cuyo título y autoría no recuerdo, “es un veneno que tú te tomas con la esperanza de que el otro se muera”.

¿Perdonó Nelson Mandela? ¿Perdonó a los descendientes de conquistadores blancos que establecieron el cruel sistema del apartheid? ¿Los mismos que lo condenaron a cadena perpetua, razón por la que permaneció en prisión durante 27 años? ¿Qué hizo este hombre, hoy padre de la patria en Sudáfrica?

Recordemos: tras ser electo el Presidente de Sudáfrica, designó como su vicepresidente a De Clerk, el anterior Presidente y por ende su carcelero, además actuó para asegurar la protección de la raza blanca que lo había condenado. Lo hizo por benevolencia y talento, al darse cuenta que si actuaba en contra de los inversionistas nacionales y extranjeros, le sucedería lo que a muchos países africanos, que al lograr su independencia expulsaron a los colonizadores y cayeron en luchas intestinas de las que no se han recuperado.

Es cierto, Mandela fue un gran hombre. Decía que “los valientes no temen al perdón, si esto ayuda a fomentar la paz”. Por ello se ganó el respeto de la humanidad, al punto  que su toma de posesión fue vista por mil millones de televidentes.

Una anécdota lo describe: animó a su pueblo a superar el odio al equipo nacional de rugby, lo que fortaleció a los jugadores al grado de lograr para su país, el campeonato mundial en 1995. Él personalmente entregó el trofeo a un blanco, el capitán Pienaar vestido con la camiseta del equipo de los odiados Springboks de los que este jugador era su capitán.

Fue un gesto trascendental en la reconciliación entre negros y blancos.

Mandela logró superar la desazón y el profundo malestar que lo tuvo postrado con tuberculosis en una celda húmeda. Logró superar los pensamientos de venganza que lo hubiesen llevado a vivir el mal del resentimiento enquistado. En cambio, pudo morir en paz a los 95 años, amado por su pueblo y admirado por el mundo entero.

¿Dónde está nuestro Nelson Mandela que tanto necesitamos en este momento de coyuntura? Quien tome decisiones sin resentimiento y evite enfrentarnos unos contra otros. Que tome el liderazgo con altura de miras.


Contestemos la pregunta de este artículo: ¿Puede superarse el resentimiento? La contestación es clara. Sí. Sí se puede, pero para ellos se requiere de una gran persona, un gran líder que entienda que la patria está por encima de los resentimientos.


El próximo miércoles mi comentario se titulará: El Amparo vs los Juicios Orales.

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