| Ignacio Gómez-Palacio

Ser procesado en libertad, logro de los Juicios Orales.

En 2015, Gabriel N., abogado corporativo, socio en retiro de un prestigioso bufete jurídico en el edificio de "El Pantalón", en Bosques de las Lomas, fue apresado y conducido a una cárcel (CERESO), donde permaneció ocho noches en crujía, hasta ser obligado a aceptar lo absurdo.

¿Por qué le sucedió? Porque meter a una persona a la cárcel en México era cosa de niños y dinero. Era camino que se había seguido en miles de casos para lograr objetivos ilegítimos. Era, ¡porque ya no lo es!

Resulta que la esposa de Gabriel estableció con dos arquitectos una sociedad anónima, que construiría para vender departamentos en un edificio de condominios. Con el inmueble a medio edificar y la caja vacía, Gabriel accedió prestar a los arquitectos varios millones de pesos para salvar el negocio. No le pagaron dentro del término estipulado en el pagaré. Gabriel, junto con su esposa, un velador, el actuario y el abogado encargado del trámite judicial mercantil, embargaron el inmueble. Unos cuantos días después, Gabriel fue apresado por el cargo de despojo tumultuario (bajo el alegato de que 5 personas estaban desposeyendo a la sociedad anónima  de su legítima propiedad). A pesar de la mentira, por ser acusado de un delito de los muchos que entonces se consideraban graves, Gabriel no tuvo el derecho de seguir su proceso en libertad, mediante la presentación de fianza que fijó el juez. Antes de cumplirse las 144 horas a partir de su arresto, a Gabriel le fue notificado el auto de formal prisión. Ante la disyuntiva de pasar uno o dos años en prisión, donde tuvo que pagar para que el prisionero jefe de la crujía lo protegiera (aunque de todas maneras sufrió indignidades), Gabriel perdonó la deuda a los arquitectos. Además tuvo que pagar la cantidad que se le exigió para que el juez expidiera la orden de liberarlo. De poco le hubiera servido ser considerado inocente después de dos años de prisión y agresiones. Llegó a su casa aterrorizado a contarle a su angustiada familia historias de horror. Es una historia como las que Victor Hugo narró en Los Miserables. México se había quedado estancado en los espantos del siglo XIX en Francia.

¿Gabriel fue juzgado? No. Esto le podía pasar a un próspero abogado, a ti, a mi y a nuestros seres queridos. ¿Cómo se ha podido detener a quienes utilizaban la “justicia penal” con propósitos malignos y fraudulentos? Con la instauración de los juicios orales.

Hace más de quince años, un puñado de ciudadanos avergonzados y ofendidos por las miles de injusticias y atentados que a diario se perpetúan contra la libertad en México, iniciamos una lucha frontal para cambiar la justicia por la vía de modificar la Constitución y las leyes aplicables. Parecía un imposible. ¿Cambiar la justicia en México? Nos hicimos de paciencia, trabajo y ayuda de expertos procesalistas limpios y conocedores de las mejores prácticas a nivel mundial y logramos, por lo que toca a las experiencias similares a las de Gabriel y muchísimos casos más, que a partir del 18 de junio de 2016, se celebre una audiencia inicial a más tardar dentro de las 72 horas del arresto, a fin de que un juez denominado “de control”  escuche los argumentos del ministerio público, del imputado y su defensor y determine si vincula a proceso al imputado. En virtud de que sólo por unos cuantos delitos sumamente graves o que ponen en peligro a la sociedad se puede retener al inculpado en prisión preventiva, la inmensa mayoría siguen su proceso en libertad.

Hoy, Gabriel no hubiera sido encarcelado y mucho menos se le hubiera dictado auto de formal prisión que lo obligara a seguir su proceso tras las rejas. Por eso, desde junio de 2016, ya suman miles de personas vinculadas a proceso que no han entrado a la cárcel, donde se encuentra la mejor escuela del crimen. Donde se pierde la reputación y el buen nombre y se es fotografiado por la prensa en audiencia tras audiencia detrás de los barrotes. Donde el inculpado, al sentir la infamia que lo mancha, hace contactos con quienes lo apoyarán a delinquir cuando salga y así poderse ganar un modo de vida con el que al menos subsistirá el/ella y su familia. En 2015 Gabriel tuvo la capacidad económica para salir del atolladero, lo que no fue el caso de la mayoría.

La instauración de los juicios orales en nuestro país ha sido un gran paso. Como ciudadano que debe tener conocimiento de los derechos básicos que le servirán para saberse proteger, es conveniente conocer el procedimiento de los mismos. Por eso escribí una nueva novela: “El Francotirador de Palacio Nacional”, que contiene: (i) La trama de personajes involucrados en un crimen de estado, en la que los personajes enfrentan un juicio oral con base en el nuevas leyes (212 págs); y la crónica de quienes participamos en el esfuerzo ciudadano para lograr la Reforma Judicial (142 págs).


El Francotirador de Palacio Nacional no se vende en librerías. Solo puede adquirirse en línea en versión impresa ($295 MN más el costo de entrega a domicilio) o digital ($195 MN), en los siguientes links:

Libro físico: https://bit.ly/2ALJso0

Libro digital: https://bit.ly/2EafduR

Mercado Libre: https://bit.ly/2DWgR2p

Amazon Kindle: https://amzn.to/2QdoFEn


Para quienes no conozcan mi trayectoria, les menciono que soy abogado postulante, que durante más 30 años he sido profesor universitario y autor de libros de derecho. Desde 1989 soy escritor de novelas y cuentos publicados por Random House y otras editoriales.


En virtud de la reciente publicación de mi nueva novela, quise referirme a ella. Pasé el artículo prometido sobre EUA y China, para el siguiente miércoles.

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